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El martes 21 de enero, a las 20 h, el cardenal Joan Josep Omella, arzobispo de Barcelona, presidió la Eucaristía en la cripta de la basílica de la Sagrada Familia con motivo de la fiesta diaconal de la Provincia Eclesiástica de Barcelona, conmemorando el martirio de San Fructuoso, obispo, y sus diáconos Augurio y Eulogio. La festividad une los colegios de los diáconos de los obispados de Barcelona, Terrassa y Sant Feliu, que organizan cada año, de manera rotativa, la fiesta diaconal. También asistieron los dos obispos auxiliares de Barcelona, Mons. Sergi Gordo y Mons. Antoni Vadell. Hay que destacar, también, la presencia de las esposas de los diáconos y de muchos candidatos al diaconado, junto con sus esposas.

Los patrones

El obispo san Fructuoso murió mártir de la fe en el anfiteatro de Tarragona, el 21 de enero del año 259, acompañado de sus diáconos san Augurio y san Eulogio. Los tres santos fueron perseguidos y encarcelados por el emperador Valeriano, y fueron quemados vivos. La comunidad cristiana estuvo a su lado en todo momento. Rogaron por la Iglesia universal y según cuenta la leyenda «reconfortaron la comunidad con la promesa que ya no le faltaría nunca pastor, y que el amor y la promesa del Señor siempre estarían presentes». Las memorias martiriales, recogidas a través de unas actas, son las más antiguas de toda la Península Ibérica.

Un tributo al diácono

El Cardenal Joan Josep Omella remarcó en la homilía el papel de los diáconos, haciendo énfasis en la importancia de su tarea al servicio de la evangelización, la caridad y la liturgia. También destacó y agradeció el acompañamiento de las esposas.

«Si abrimos el corazón para que Dios entre en nosotros, transformaremos el mundo», declaraba entusiasmado el arzobispo de Barcelona.

La celebración acabó con una cena en la cual asistieron los diáconos, los candidatos y sus invitados.

Por J-12-M

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