Diáconos permanentes: servidores del altar, padres de familia y esposos

Diaconado

POR:NINOSKA REYES URDANETA

¿Por qué Dios me escogió precisamente a mí? Es la pregunta que rondó por la cabeza de Alder Jonnys Fernández y Mario Andelfo Bautista Salamanca, al recibir el llamado para ser Diáconos Permanente de la Iglesia Católica.

Quizás su poca preparación en la vida litúrgica y su espacio en el corazón para recibir la grandeza de Dios, fueron el perfil ideal para hacer historia y hoy sean los primeros en los 50 años de la Diócesis de Valledupar.

Dos hombres residente de San Juan del Cesar, profesionales, con sus hogares felizmente constituidos, con hijos y una vida similar a la de cualquier persona, deciden llevar la vida entre la fe y la familia, como parte de una alternativa que desde el año 1965 adoptó la Iglesia Universal, pero que hasta la fecha la Diócesis de Valledupar no había admitido hasta hace cinco años atrás.

Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia latina ha restablecido el diaconado como un grado particular dentro de la jerarquía, mientras que las Iglesias de Oriente lo habían mantenido.

De esta manera, los hombres casados que se dedican a ayudar a la Iglesia a través de la vida litúrgica, pastoral o en las obras sociales y caritativas, pueden fortalecerse recibiendo el orden del diaconado y se unen más estrechamente al altar para cumplir con mayor eficacia su ministerio por medio de la gracia sacramental del diaconado.

Esta ordenación no es solamente un paso intermedio hacia el sacerdocio, sino que ofrece a la Iglesia la posibilidad de contar con una persona de gran ayuda para las labores pastorales y ministeriales. Ellos podrán bautizar, bendecir matrimonios, asistir a los enfermos con el viático, celebrar la liturgia de la Palabra, predicar, evangelizar y catequizar. No puede, a diferencia del sacerdote, celebrar el sacramento de la Eucaristía, confesar o administrar el sacramento de la unción de los enfermos.

Y para esta misión han sido encomendados AlderJonnys y Mario Andelfo, quienes con el corazón en la mano recibieron la bendición para profesar la fe entre la feligresía. El compromiso está adquirido, pues ya fueron ordenados por el monseñor Oscar Vélez Isaza, obispo de la Diócesis de Valledupar. Sus vidas estarán ligadas a la Iglesia para siempre.

HISTORIAS DE FE

Con una actitud pacífica y las manos entrelazadas a la altura de su pecho, nos encontramos con Mario Andelfo Bautista, un hombre de 50 años, ingeniero electromecánico con 27 años de servicio laboral en Electricaribe que ahora suma a su vida una nueva responsabilidad, servirle a Dios sobre todas las cosas de la mano de su esposa e hijos.

Es natural del Norte de Santander, tiene 11 años de casado, pero desde hace 27 años llegó a San Juan del Cesar donde conoció a su actual esposa y decidió quedarse en esa tierra, sin imaginar cuáles eran los planes de Dios con él y su familia.

“Viví 15 años en unión libre con mi actual esposa, Rafaela Fuentes Martínez, cuando teníamos 10 años juntos sentí el llamado del Señor y nos invitaron a integral la segunda comunidad de parejas de San Juan del Cesar, dentro del caminar, el Señor fue convirtiéndonos, purificándonos, sentimos el deseo de casarnos y empezamos a crecer en el Señor”.

Su esposa había tenido un primer matrimonio y luego de recibir la despensa del Papa,llegó el sacramento del matrimonio, posteriormente se recibió el ministerio de la palabra, fueron catequistas de parejas, hoy en día son catequistas de los cursos prematrimoniales y ministros extraordinarios de la comunión, que da la potestad para visitar a los enfermos y ancianos. Tiene tres hijos: Andrés Felipe, Carlos Mario y Mariangel Bautista Fuentes.

ESPOSOS Y PADRES DE FAMILIA

Bautista recordó que la transmisión de la fe la recibió de sus padres, sobretodo de su abuela materna con quien vivió mucho tiempo. “Yo la acompañaba a misa y me ponía a rezar con ella las novenas, esa era la tarea encomendada por ella y lo que ahora me indica, que desde entonces, estaba el llamado del Señor”.

Explicó el diácono, que lo más difícil de esta etapa en su vida fue explicarle a la familia qué era un diácono permanente. La esposa tiene que estar totalmente de acuerdo y los hijos aceptarlo. Fue muy complicado aclararle que el diácono permanente es un servidor del altar que asiste al sacerdote al obispo, no un sacerdote, por lo tanto se sigue siendo esposo y padres de familia.

“La clave es repartir el tiempo entre la familia y la Iglesia, porque no es la idea que la Iglesia gane un ministro y la familia pierda a uno de sus miembros. Es saber equilibrar El Señor no se equivoca y quizás utiliza a las personas menos idóneas y menos preparados para servirle mejor”, exclamó.

AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

En los espacio de la catedral de Ecce Homo también el equipo del DIARIO DEL CESAR, se encontró con Alder Jonnys Fernández, el otro diácono permanente que recibió la ordenación, y a diferencia de Mario Bautista su vida en la Iglesia la conoció de la mano de su esposa, y no desde niño, pues era bautizado como católico, pero en sus prioridades no estaba asistir al templo con frecuencia.

“Mi historia en la Iglesia comenzó cuando en una eucaristía escuchamos el llamado a pertenecer a comunidades de parejas. Así iniciamos el recorrido y formamos parte de la primera organización de la parroquia San Juan Bautista del municipio San Juan del Cesar, donde se siguió con la formación bajo la orientación del párroco Iván Peláez. Más adelante nos fueron asignados los compromisos en la parte pastoral, luego catequistas de nuevas comunidades de parejas, preparación de matrimonios individuales y colectivos y a lo largo de ese tiempo la preparación ha abarcado congresos, convivencias, entre otras actividades”.

Es así como se hizo el llamado de pertenecer al diaconado permanente, lo cual decidió aceptar con alegría para dar inicio a la preparación por parte de Monseñor Oscar Vélez. Los estudios los recibió, al igual que su compañero, de manera virtual por parte de la Universidad Católica del Norte durante tres años, la cual recibían de manera simultánea con una preparación en el seminario Juan Pablo Segundo, al cual asistían un sábado al mes.

Alder Jonnys, es Técnico en Producción Agropecuaria, tiene 23 años de casado con Lilibeth Cuello, con quien procreó tres hijos: Tatiana Carolina, Ángela Marcela y Juan Miguel.

Destacó que lo curioso del caso es que desde niño no era su fuerte asistir a la Iglesia, era un católico bautizado pero no muy cercano a las cosas de Dios. “Cuando me casé con Lilibeth Cuello, quien si tenía acercamiento con la Iglesia, ella me fue guiando hasta que encontré la paz que buscábamos; a ella le debo esta inclusión a la Iglesia”.

Resaltó que este diaconado lo recibe con total alegría para ponerlo al servicio de la comunidad, para trabajar por las familias a través de la preparación recibida. Es una misión al servicio de la ciudadanía a través de las obras sociales, con los pobres y marginados.

“Estamos llamados a ir a las periferias, a donde no pueden llegar los sacerdotes por sus ocupaciones. Actualmente hacemos celebración de la Palabra, los acompañamos al rezo del rosario y les hacemos catequesis”, dijo.

SUS FUNCIONES

El Diaconado es un sacramento. Desde la Iglesia primitiva ya se escogieron a algunos miembros de la comunidad, unos casados, otros solteros, para realizar distintas funciones en el anuncio del evangelio, para el servicio de la caridad, para comunidades pobres y en el campo de la liturgia, así lo explicó monseñor Oscar Vélez Isaza, Obispo de la Diócesis de Valledupar.

Agregó que con el tiempo, el diaconado se fue reservando solamente a los que iban a ser sacerdotes, por tanto a partir más o menos del Siglo IV tenían que recibir el diaconado y luego el sacerdocio. Pero a partir del Concilio Vaticano II la Iglesia dio un cambio en ese sentido, y permitió la ordenación de hombres que pueden ser casados para ser como permanentes, que van a ejercer para siempre el ejercicio del diaconado.

Fundamentalmente participan en tres campos: El servicio de la Palabra de Dios a través de actividades evangelizadoras y pastorales; el servicio litúrgico por medio del cual podrán presidir matrimonios, exequias, bautismos; y la tercera función en el campo de la caridad, cuyo aporte será visible en los programas sociales hacia la comunidad.

La Iglesia católica aceptó esta alternativa a partir del año 1965, pero en la Diócesis de Valledupar no se había aceptado, hasta que hace aproximadamente 5 años se analizó la posibilidad y se le dio cabida al diaconado permanente por ser una autorización de la Iglesia Universal.
“Nos pueden ayudar mucho, algunos diáconos pueden encargarse de comunidades alejadas donde no hay sacerdotes o en barrios marginales y presidir la celebración litúrgica. Pueden hacer una cantidad de labores que van a potenciar y reforzar a la Iglesia. Otras 40 personas se están preparando para este mismo fin”.

Ellos deben ser casados, estar vinculado a la Iglesia por 10 años como mínimo, es decir, que pertenezcan a alguna comunidad de las que está haciendo un proceso de crecimiento en la fe. Debe ser profesional, con una situación económica estable, ya que él no va a vivir de la Iglesia y el aspecto más importante es contar con el respaldo inquebrantable de la familia, de hecho si la esposa no está de acuerdo, no podrá ser admitido, refirió Monseñor.

A la Iglesia no le interesa ordenar a una persona para luego acabar un matrimonio. Ellos visten de manera normal y solo en la celebración litúrgica usarán el alba y la estola.

SE PUEDE SER FELIZ

Lilibeth Cuello, esposa de Alder Jonnys, manifestó que es un gran compromiso familiar, pero es una oportunidad para defender a las familias de los ataques de la sociedad. “Somos el testimonio que sí es posible ser feliz en pareja, en familia y con la bendición de Dios”.

Afirmó que durante muchos años han estado vinculados a la Iglesia, sin embargo, la decisión de diaconado fue difícil de tomarla, pero cuando Dios abre los caminos la mente es amplia y el ser humano se dispone a recibir las mejores bendiciones.

Carlos Mario Bautista, hijo de Mario Andelfo Bautista, confesó que fue difícil para la familia asimilar el diaconado a pesar de haber visto a su padre siempre vinculado a las actividades de la Iglesia.
“Pero ahora nos sentimos orgullosos de él. Mi hermana fue la que más se opuso al proceso y ahora lo acompaña a visitar a los enfermos y hacer obras sociales en el barrio donde vivimos. Es una emoción porque además fortalece a la familia”, exclamó.
Fuente; https://www.diariodelcesar.com

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