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A mediodía, la S. I. Concatedral de Santa María de Castellón se ha vestido de fiesta para acoger la ordenación de ocho laicos como diáconos permanentes. Sus esposas e hijos, sus familiares y amigos, junto a fieles del resto de la Diócesis y numerosos sacerdotes, han llenado la concatedral para asistir a la ceremonia.

Se trata de Daniel, Carlos, Julio, Alejandro, Guillem, Vicente, Manuel y Francisco, que pertenecen a las parroquias de Santo Tomás de Villanueva de Castellón, Santo Tomas de Villanueva de Benicàssim, Ntra. Señora del Carmen de Burriana, Santa Sofía de Vila-real, La Asunción de Benassal y San Bartolomé de Torreblanca.

Al inicio de su homilía, el Obispo se dirigía a los ordenados asegurando que su ordenación y vocación al diaconado permanente «es una muestra más de la misericordia divina para con cada uno de vosotros, para vuestras familias y comunidades, y sobre todo para nuestra Iglesia diocesana de Segorbe – Castellón», y recordaba que «casi 30 años después, nuestra diócesis acoge de nuevo la ordenación de diáconos permanentes».

Casimiro López Llorente ha manifestado su gran alegría por la ordenación, «vuestra vocación y ordenación son dones de Dios que enriquecen al pueblo santo de Dios que peregrina en esta tierra, y nos recuerda a la vez que nuestra iglesia es servidora de Cristo y de los hombres, por eso hoy está de fiesta», señaló.

Les ha animado a no tener miedo, «¡no tengáis miedo!, os dice el Señor hoy a vosotros, pues Dios os concede el don del diaconado, os concede la fuerza para vivirlo con pasión y alegría, con fidelidad, entrega y perseverancia», pero también les ha advertido de que «es bueno que lo acojáis y lo viváis siempre con el temor de Dios para que no dejéis nunca de sentiros pobres y necesitados de Dios, ante la grandeza del ministerio que hoy os es concedido».
«El Señor va a enviar sobre vosotros su Espíritu Santo y os va a consagrar diáconos para siempre, y seréis a partir de ahora en la Iglesia y en el mundo, signo e instrumento de Cristo siervo, que vino, no para ser servido sino para servir», ha continuado. Así, también les ha pedido que «no os sintáis nunca señores sino servidores, no caigáis en la tentación de la vanidad, o de buscar la grandeza mundana de ser el primero o el mayor de todos».

RITO DE ORDENACIÓN DE LOS NUEVOS DIACONOS

Tras la homilía ha comenzado el rito de ordenación, en el que el Obispo ha ido llamando a los ocho aspirantes al diaconado permanente para preguntarles sobre sus disposiciones delante de todos los presentes.
Después de jurar respeto y obediencia, se han postrado en el suelo en señal de humildad durante la oración de los fieles, y en un gesto heredado de los apóstoles, el Obispo ha impuesto las manos sobre la cabeza de los candidatos, confiriéndoles así, autoridad y capacidad para ejercer la función de diácono, y les ha entregado el Evangelio como signo de enseñar y proclamar la Buena Noticia.

Una vez revestidos con la dalmática y la estola cruzada, los diáconos fueron recibidos por el Obispo con el signo y el abrazo de la paz.

COMISIÓN PARA EL DIACONO PERMANENTE

Al finalizar, Casimiro López Llorente ha anunciado la creación de una “Comisión Diocesana para el Diacono Permanente”, «para que sigáis siendo acompañados en vuestra formación, en vuestra tarea, en vuestro espíritu, unidos a vuestras esposas, para que sigáis recibiendo el apoyo personal y colegial».

Por J-12-M

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