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Oraciones de meditación

  1. 1.  Contenido
“Empujar lo mejor de mí”. Testimonio inquebrantable”. “Hacia el bien”. 61“Que no pierda la referencia”.  81“Mirarme a mí”.
“Portadores de una invitación”. “Saliendo a mi encuentro”. “Deseo de bien”. “Con sinceridad”. “Contigo puedo”.
“La fuerza de la fe”. “En ti me puedo mirar”. “Tu amor mueva el mío”. “Demostrar nuestra capacidad”. “Demostrar nuestra capacidad”.
“Tarea de amor”. “Valentía y sinceridad”. “Nos has hecho hijos”. “Tu empuje”. “Quiero vivir”.
“Dejarme sorprender”. “Beber de ti”. “Llamada a mi vida”. “Fuerza y convicción”. “Palabras de fuerza”.
 “Mi grano de arena”. “Mi grano de arena”. “Tu fuerza y tu paz”. “Superar mis contradicciones”. “La vida va en serio”.
“Navidad en mi interior”. “Que no pierda el horizonte”. “Tu empeño salvador”. “Abrirme a ti”. “Expresión de ti”.
  “Tu oferta de vida”. “Sensible para crecer”. “Quiero crecer”. “A nuestro lado”. “Alentando mi vida”.
“Alentando mi vida”. “Estar atentos”. “Crecer en ti”. “La llama de mi amor”. “Todo es posible”.
“Crecer mi corazón”. “Luz interior”. “Abierto desde ti”. “Acogida”.
  1. “Beneficiario de tu llamada”.
“Que aprenda de ella”. “Aprender a dar”. “Forjamos nuestra felicidad”. “Empezar desde abajo”. “Ser más fiel”.
“Tu esperanza en mí”. “Saberme llamado”. “Corriente de fuerza”. “Adentrándome en tu proyecto”. “Servir de guía”.
“Dejarnos encontrar”. “Atrayéndome hacia ti”. “Transformar nuestra realidad”. “Mirarte a ti”. “No perder el ánimo”.
“Gracias por venir”. “Gracias por venir”. “Constructor de relaciones”. “Seguir aprendiendo”. “Un corazón sensible”.
“Dejar crecer la vida”.  “Tu oferta continua”. “Consciente de mi responsabilidad”. “Mi humanidad en ti”. “Salir de mí”.
“Buscadores del bien”. “Unirme a todos”. “Crecer en ti”. “Tu puerta está abierta”. “No pararme”.
“Un nuevo horizonte”. “Lo más liberador”. “Lo más liberador”. “Lo más liberador”. “Nuevos pasos”.
“Conviérteme a ti”. “En ti”. “Mi crecimiento”. “Enséñame sensibilidad”. “Sigue enseñándome”.
“Acudir a ti”. “Nuestra fidelidad”. “Ayudarme a caminar”. “Ayudarme a caminar”. Hacerme sensible”.
“No te canses”. “Tu llamada continua”. “Responder desde dentro”. “Aprendiendo de ti”. “Transformar la ralidad”.
“Autor de mí mismo”. “Seguir tras de ti”. “Dejarme acoger”. “Hay que descubrir”. “Encontrarme conmigo”.
“Construir mi propia historia”.

 

 

 

 

 

 

 

 

2.  “Empujar lo mejor de mí”

 

Gracias, Señor, por este nuevo día que arranca con la peculiaridad de dar paso a un  nuevo año. No repetimos historia, la historia y la vida avanzan, aunque a veces la sintamos estancada o tengamos la tentación de frenarla o, incluso, distorsionarla. Pero hoy se nos abre como esperanza. Puede sonar a ingenuidad en medio de una realidad a veces tan dura como se nos manifiesta, pero eso es lo que nos hace inconformistas, eso es lo que nos hace sentir que las cosas no pueden ser así, tiene que ser mejores, podemos y debemos hacerlas mejores, aunque a veces pueda parecer una batalla perdida o resignada. Y tú nos has venido a hablarnos de resignación sino de construir humanidad, por eso te has manifestado humano y nos has enseñado el modo de serlo. Ayúdame para que sea capaz de pararme ante tu empeño, ante tu misterio y el mío, para aprender a empujar lo mejor de mí. Gracias, Señor.

 

 

3.   

“Portadores de una invitación”

 

Las cuestas arriba no nos suelen gustar, aparte de que cada vez nos estamos volviendo más sedentarios. El modo de trabajo nos va llevando hacia ello. Lo que nos ofrecen los avances en unos aspectos parece que se nos revelan como riesgos por otros. Pero, al margen de esas materialidades, tú nos llamas a otras levantadas, a otras ascensiones, que en el fondo nos cuestan más. Tal vez porque ni siquiera sabemos si somos capaces o queremos hacerlas y que, sin embargo, son las que marcan de verdad el ritmo de nuestra vida. Y ahí sí que nos jugamos mucho, más que la salud biológica que antes o después tiene su tiempo limitado en el aquí y ahora, pero que tú nos recuerdas que es eterna. Por eso nos empujas en eso tu empeño por desvelarnos y por trasmitirnos un horizonte que nace en nosotros y que mira hacia adelante, y nos invita a levantar la mirada y el corazón. Somos portadores de una invitación, de un reto, de una fuerza de vida que nos quiere construir y no destruir, y ahí y así podemos hablar de ascensión, de la tuya y de la nuestra. Ayúdame a descubrir su fuerza, su reto y su belleza de plenitud. Gracias, Señor.

 

 

 

4.   

“La fuerza de la fe”

 

Gracias, señor, por el regalo de María, y gracias por el regalo que a través de ella también vuelcas sobre nosotros. Porque en ella, mujer como nosotros, nos permites vislumbrar de nuevo nuestro camino y nuestra meta. Gracias también porque en ella no nos has dejado una mujer blanda y soñadora, sino una mujer de fe recia, apoyada firmemente en ti, que ha entendido de lleno todo ese plan de salvación anunciado por ti y que asume o lleva consigo el compromiso con la liberación del ser humano, con el levantamientos de su esclavitud, de esa esclavitud o esclavitudes que siguen marcando nuestra historia y nuestras relaciones. Es así como la  podemos como mujer que va haciendo camino de subida desde el comienzo, en medio incluso de las oscuridades, pero fiada siempre, plena y totalmente en ti. Tal vez hemos hecho de ella una figura a veces romántica y blanda,  pero ella siempre, siempre, nos hablará en su silencio, con su vida, de la fuerza de la fe que nos eleva en nuestra dignidad hasta la meta definitiva alcanzada por ti. Gracias, Señor.

 

 

5.   “Tarea de amor”

 

Gracias, Señor, por darte de esta manera. Por quedarte en la eucaristía. Por hacerte pan y vino, y manifestarnos de ese modo hasta qué punto entras en nosotros, te identificas con cada uno, y nos vinculas unos a otros a quienes te recibimos. Hasta qué punto nos dejas entrar en tu ser, formar una realidad contigo. Pienso que todavía no hemos sido capaces de entender la grandeza desbordante de esta realidad. Señor, ayúdame a adentrarme en ella. Ayúdame a sentir que me haces parte de ti, que te me haces tú. Ayúdame a sentir, del mismo modo, mi unión con quienes comparten conmigo esta comunión que nos vincula en una alianza de amor. Señor, soy consciente de que no estamos jugando con ritos, por eso te pido que me ayudes a experimentar en ellos la fuerza de tu presencia salvadora, y el empuje para hacer de mi vida, como la tuya y contigo, esa tarea de amor que tanto necesito y necesitamos. Ayúdame, Señor. Gracias.

 

 

           

6.  “Dejarme sorprender”

 

Señor, ésta es la aventura a la que nos sigues abriendo, y te doy gracias por ello. Porque sigues empeñado en hacer de nuestra vida, de mi vida y de mi historia, una búsqueda constante de mí mismo, y de mi capacidad de abrir la mente y el corazón para verte encarnado, y dejarme sorprender al ir entendiendo la fuerza del amor que has desplegado en el corazón humano para hacer un mundo cada vez mejor, un mundo nuevo llamado a consolidarse un día en ese anhelo de alcanzar lo mejor de sí, y que todavía cuando lo expresamos nos suena a utopía, a bonito sueño, pero irrealizable, y que lo es, si prescindimos de ti. Sigue abriendo y manteniendo vivos esos anhelos en medio de tantos frenos y sombras. Hay luz, el hombre es poseedor de esa luz que has puesto en él, y tenemos que ayudar a descubrirla, dentro y fuera de nosotros. Que ésta siga siendo mi batalla desde la realidad sencilla de mi vida. Gracias, Señor, por tu presencia clara y escondida.

 

7.   “Mi grano de arena”

 

Señor, tenemos el riesgo en hacernos todos un tanto lobos y, de hecho, estamos creando una especie de sensación y de distancia porque ya no se puede confiar en nadie. Hacemos tan mal las cosas que parece que estamos distorsionando la historia y la propia grandeza del ser humano que parecemos empeñados en reducir a su mínima expresión. Sé que no te pilla de sorpresa porque tú lo palpaste en tu carne, y qué poco hemos cambiado. Miramos complacidos nuestros avances, pero asistimos con una impotencia tremenda a esta especie de pérdida de conciencia de lo que es un ser humano, de lo que es un hombre y una mujer. Señor, hemos hablado de anhelos de esperanza al comenzar un nuevo año. Sabemos que la realidad es lenta en su transformación, también en mi propia vida, pero ayúdame a seguir aportando mi grano de arena y de vida en este empeño tuyo. Gracias, Señor.

    

8.   “Navidad en mi interior”

 

Gracias, Señor, por adentrarnos en tu torrente de vida. Gracias porque, en esta historia tan nuestra y tan condicionada, no sólo te encarnaste sino que sigues presente en ella, inserta en ella, inserto en cada uno de nosotros, aunque todavía no lo terminamos de entender y de acoger, porque lo que nos desborda terminamos dejándolo a un lado, como algo que está pero que no sabemos qué hacer con ello. Ayúdame, Señor, a entender que este misterio desbordante, esta locura de tu amor, que parece no entrar en nuestra “cordura”, es lo que de verdad puede transformar mi vida, no porque la haga perfecta sino porque me encauza hacia ti, que eres la plenitud de la vida. Ábreme a ti. Que sea Navidad en mi interior como en María. Gracias, Señor

             

 

9.   “Tu oferta de  vida”

 

 Señor, es a veces tan oscuro lo que percibimos en nuestro ambiente,  en nuestro mundo, y en nosotros mismos, que ciertas palabras o expresiones tuyas se nos quedan un poco grandes; nos suenan bien, tanto, que tenemos que relegarlas a ese final definitivo de nuestra vida o de nuestra historia. Tu oferta de salvación no es cuestión de final, sino de comienzo, de aquí y de ahora. Muchos dicen no necesitarla, y es cierto según desde qué perspectiva se mire o se viva, pero la necesitamos. Necesitamos abrirnos a tu oferta de vida que brota de un amor gratuito, para salir de este ovillo de confusión que estamos tejiendo, Nos atan muchas cosas, demasiadas, quien diga que no o tiene mucha suerte o es un ingenuo; o, tal vez ya, un desalmado. Y parece que no se vislumbra solución. Por eso mirarte a ti, acoger a alguien que está de nuestra parte, sin más interés que nuestro propio bien, es un regalo, Ayúdame a seguir acogiéndolo para que vaya desatando cada vez más nudos de mi existencia. Gracias, Señor.

 

 

10.              “Crecer mi corazón”

 

Señor, es así como nos invitas a preparar la celebración de tu venida, ya a las puertas. No como meros espectadores, sino actores de esta desbordante realidad. Gracias porque nos abres este horizonte. Gracias porque haces posible que podamos experimentar que en nosotros hay algo mucho más de lo que simplemente vemos o creemos. Gracias porque nos haces portadores de la misión más grande que un hombre puede realizar. Y gracias, sobre todo, porque eso no nos lleva nunca a ponernos por encima de nadie, y si llegamos a hacerlo es porque lo hacemos mal. Señor, tú sigues viniendo al mundo y a mí, y quisiera seguir llevando adelante, con tu gracia, la aventura de dejar crecer mi corazón en ti, por ti y desde ti. Gracias, Señor.

 

 

11.               “Que aprenda de ella”

 

Señor, creo que muchas veces te he dicho sí, pero no te he dicho “que se haga”, porque nuestros sí, son como respuesta de buena voluntad que no terminamos de dejar que incidan en nuestra acción. O es un sí mientras las cosas salen como queremos y como nos gustan y todo nos sonríe; y, claro está, entra en nuestros estrechos y, a veces, interesados esquemas. La respuesta de María no dejaba lugar a dudas y lo mantuvo, dejó hacer a Dios, y cuando no entendía, y cuando dolía, seguía arraigada a él, más arraigada si cabe, porque sólo podía apoyarse en él, y porque estaba convencida de que la palabra de Dios es eternamente fiel. Señor, creo que has puesto a María no sólo para que sea tu madre sino para que aprenda de ella. Gracias, Señor.

 

 

12.               “Tu esperanza en mí”

 

Señor, gracias por acercarte a nosotros. Gracias por abrir camino hasta nuestra historia esperanzada y dolorida. Gracias por querer acompañar y estimular nuestros pasos cuando tantas realidades los frenan o los tratan de desviar hacia sendas que no conducen a ningún sitio. Señor, en medio de mis paradas y desvíos dirijo mi mirada hacia ti porque es donde vislumbro luz, donde a veces no veo nada porque lo enturbio yo mismo. Señor, quiero seguir acogiendo tu llamada, quiero repensar e interiorizar tu empeño en manifestarnos la grandeza y hasta la impotencia de tu amor, que se frena ante nuestras puertas cerradas. Pero sigue en tu empeño, Señor, sigue tocando mi puerta, que no se apague tu esperanza en mí y mi esperanza en ti. Gracias, Señor. 

 

13.               “Dejarnos encontrar”

 

Tal vez no hemos terminado de darnos cuenta y podemos llegar a pensar que ciertas afirmaciones son como una especie de “plus” para algunos, vamos, que parece como demasiado, y que es suficiente con un poquito menos. Y es que todavía nuestra vivencia religiosa se queda un tanto superficial, de manera que no nos termina de cautivar. Nos conformamos, en el mejor de los casos, con acoger más o menos tu palabra, pero nos “cortamos” a la hora de buscar una relación de intimidad, una experiencia profunda de encuentro, y la palabra amor se queda en un eco bonito cuando no vacío, que no nos ha alcanzado. Este tiempo vuelve a ser un empeño para entrar en nosotros, para tocar si, nuestras fibras sensibles, pero no para quedarnos sólo en ellas, sino para dejarnos tocar, para dejarnos encontrar y trastocar por ti. Ayúdame a descubrirlo y sentirlo. Gracias, Señor.

14.              “Gracias por venir”

 

Señor, ven, sí, necesitamos vislumbrarte así, para poder sentir que podemos tenerte en nuestro regazo interior, para intuir de verdad cómo eres y lo que podemos esperar de ti, y lo que esperas tú de nosotros. Ven a dejarnos un poco de esperanza, la suficiente para que nuestro corazón vislumbre que podemos sacar adelante nuestra historia sin necesidad de tanto dolor y de tanto absurdo. Calienta nuestro corazón para que pueda moldearse en esa dignidad con que lo has creado. Despierta nuestros sueños de paz para que seamos capaces de construirla. Ayúdame, Señor. Gracias por venir, por seguir ahí, por mantenerme en ti.

 

 

15.               “Dejar crecer la vida”

 

Es cierto, Señor, el Papa nos lo está repitiendo incansablemente, pero nos dan miedo las cosas sencillas y profundas. A fuerza de hacernos indiferentes ante tantas cosas se nos está endureciendo el corazón, y casi vamos viendo más al otro como alguien de quien defendernos que alguien a quien acoger y abrirnos. Y no nos faltan motivos. Pero caer en esa tentación puede ser muy  peligroso, y lo estamos viendo en muchas actitudes personales o colectivas. Nos dan miedo palabras como ternura, consuelo, misericordia, sensibilidad…, nos parecen palabras suaves y sin fuerza en un mundo cada vez más violento, pero o llegamos a entenderlas o nos terminamos de romper. Y no estamos en momentos de desesperanza, sino todo lo contrario. Si Dios se nos hace ternura de niño, es para que entendamos algo de lo que supone dejar crecer la vida alimentada desde el amor y la revolución que eso supone. Que lo descubra, Señor. Gracias.

 

16.               “Buscadores del bien”

 

Señor, gracias por tanta gente sencilla que han sabido distinguir lo que permanece, lo que no falla, lo que da fuerza para mantener hasta el final el sí por la vida. Gracias porque en ellas vislumbramos lo que hay de verdad y de mentira en nuestras actitudes, y su esperanza nos sirve de estímulo y de interpelación, si es que estamos dispuestos a aprender. No parece lo normal hoy. Los mayores se ven ya casi como una rémora y una carga. Se valoran sus palabras como mirada al pasado y no como cúmulo de experiencia y de sabiduría de la vida que aprovechar, que no es lo mismo que copiar, y donde podemos aprender lo que de verdad merece la pena y permanece. Mantenlos firmes en la fe y en la esperanza, y a todos nosotros buscadores del bien. Gracias, Señor.

 

17.               “Un nuevo horizonte”

 

                Gracias, Señor, por este año que termina con sus luces y sus sombras, con sus gozos y sus tragedias. Gracias porque en él has seguido caminando con nosotros, nos has seguido llamando y empujando para construir lo mejor de nosotros y dejar semillas de bien como reguero de nuestra andadura, aunque también hayamos dejado gotas de decepción e incluso de dolor. Gracias, porque nos abres un nuevo horizonte hacia el que encaminarnos con el empeño renovado de seguir creciendo como personas, de seguir creciendo en humanidad. Cerramos el año y lo abriremos con paisajes muy parecidos, pero con el dedeo renovado de no conformarnos con ello, de no ceder ante el desánimo ni a la fuerza del mal. Queremos revitalizar nuestra esperanza desde la realidad concreta, con los pies en el suelo, pero percibiendo que hay ventanas abiertas que tú nos mantienes vivas como muestra de que siempre habrá un punto de luz, de paisaje nuevo al que caminar y que construir. Mantén vivo ese deseo en mí, en todos los corazones buenos y sencillos. Gracias, Señor.

 

 

18.               “Conviérteme a ti”

 

Sigue, Señor, sigue llamando a mi puerta, no dejes que me pare, que me anquilose, que me conforme, es lo más triste que me podría pasar. Puede ser que consiga avanzar poco. Tú sabes la torpeza de mis pasos y todos esos condicionamientos que tienden a frenarme, incluso de los obstáculos abiertos e interesados que surgen en mi camino y que tratan de pararme o desvirtuarme y que, incluso, incomprensiblemente, me atraen en muchos momentos hasta convertirse en lucha que no sé cómo afrontar. Ayúdame, Señor, para que mi mirada se fije en ti, para que crea y me convenza de la fuerza de tu amor que me libera, y que es capaz de ayudarme a hacer este camino de liberación que tú has iniciado, y que cuando nos apartamos de él nos rompe. No dejes de estar a mi lado porque en ti sé que no late más que tu interés por mí. Conviérteme a ti. Gracias, Señor.

 

 

19.               “Acudir a ti”

 

Gracias, Señor, por esta nueva oportunidad. Gracias por poder acudir a ti. Por poder encontrarme a mí mismo en ti. Por permitirme descubrir toda esa fuerza de vida que has derrochado y volcado en mí para que vaya descubriendo el sentido del paso por esta historia que, a veces, tengo que reconocerlo, me parece absurda, o una mala broma de la existencia, si sólo me fijo en lo que el ambiente me quiere forzar a ver, y en la cortedad de miras del corazón humano cuando se cierra en sí. Gracias por ofrecerme una buena noticia que quiero recoger, que deseo hacer mía en el lento proceso de mi crecimiento. Gracias, porque en ti, Señor Jesús, encuentro la luz y el punto de referencia para aprender a hacerlo. Gracias, Señor.

 

 

20.               “No te canses”

 

Aunque nos cuesta entenderte del todo, aunque nos cuesta valorar el tremendo don de tu entrega y de tu quedarte con nosotros en la eucaristía, y en cualquier gesto de partir el pan, gracias, Señor. Gracias porque ahí se mantiene vivo tu empeño y tu llamada. Porque siempre me despierta y me interpela, aunque no esté a la altura de saber responder. Aunque a veces convierta tus gestos más grandes y significativos en notas de una piedad personal que me compromete muy poquito. Pero con todo, tú te mantienes ahí, vivo, mostrándote, dándote, llamándome, incansable. Gracias, Señor. Porque mientras tú no te canses todo es posible en mí. Ayúdame para que reviva un poco más en esta nueva pascua, para que sienta el estímulo y la fuerza de tu vida entregada por mí, para que en la medida de mis fuerzas, pocas o muchas, me apoye y me refuerce en las tuyas. Gracias, Señor.

 

 

 

21.              “Autor de mí mismo”

 

Señor, porque sabes lo que hay dentro de nosotros te has encarnado. Porque sabes lo que hay dentro de mí, has llegado hasta el extremo de dar tu vida. Qué grande es el hombre para que hayas tenido que llegar a eso, para decírnoslo no sólo con palabras que ya estaban dichas, sino con tu propia vida. Cierto que para muchos eso no significa nada, pero a mí me ha alcanzado tu vida y tu mensaje; y la realidad es así o todo si no se convierte en un absurdo. Hay mucho que vivir y mucho que anunciar. Tengo mucho que trabajar, aún siendo consciente de que siempre caminaré inserto en mis limitaciones, que no puedo ocultar porque las conoces. Pero has venido a acoger a los pecadores, y eso estimula la tarea sobre mí mismo. Gracias por desvelarme lo que hay en mí. Gracias por dar sentido a mi existencia. Gracias porque estoy llamado a ser el autor de mí mismo. Pero ayúdame, Señor.  

 

 

22.               “Testimonio inquebrantable”

 

Tengo la impresión, Señor, de que, tristemente, el clima que vivimos no nos permite esta sinceridad, y cuando encuentras una persona así no sabes si encuentras un tesoro o un bicho raro. Muchas veces ya no sabes si actuamos por contagio, o es que el corazón humano ha decidió apagar, por opción, el lado más positivo y noble de sí mismo. Hace tiempo que se viene hablando de la necesidad de una regeneración de valores, pero parece que nadie se atreve a meterle mano, y sólo se habla de generalidades. Señor, esto nos interpela con fuerza, y no sé si estamos sabiendo responder; no sé si somos focos de referencia que interpelan, como Juan, o tal vez sí, y el rechazo o la indiferencia que palpamos sea una forma de rechazar un mensaje que molesta. Sea lo que sea, sé que me invitas a mantenerme en la línea de Juan, a descubrir lo que soy y a dar testimonio inquebrantable de ello allí donde estoy. Ayúdame para que sea así y cada vez te deje más espacio en mí. Gracias, Señor

 

 

23.               “Saliendo a mi encuentro”

 

Menos mal que no te cansas, Señor. Menos mal que tu amor es así, amor, y el amor no cede a pesar de todos los rechazos y dificultades. Sencillamente porque no puedes abandonar la obra de tus manos. Porque si nosotros no sabemos quiénes somos o quién eres tú para nosotros, tú sí sabes quienes somos nosotros y lo que somos para ti, y lo que está en juego en la profundidad de nuestro ser y de nuestro destino. Nos has creado para la vida, una vida que nos cuesta hasta construir en su mera materialidad, y en la que tú te has implicado, sigues implicado y, además, tratando de recordarnos la fuerza de su horizonte como tarea y estímulo  de nuestra realidad humana y divina. Señor, no pares, sigue saliendo a mi encuentro, a nuestro encuentro, al encuentro de esta humanidad que da la sensación a veces de que se nos desmorona. No dejes que se apague nunca esa llama o rescoldo que guarda nuestro ser porque ahí radica lo que soy, lo que somos. Gracias, Señor.

 

 

24.               “En ti me puedo mirar”

 

Qué te puedo decir, Señor, sino gracias. Gracias por tu empeño, gracias por tu amor incondicional. Gracias por amar al mundo, porque es cuando me creo que quieres salvarlo, salvarme, porque sólo desde el amor se puede entender, si no es imposible. Por eso, porque andamos tan raquíticos de amor, cuando lo hemos puesto en la lista de productos precederos y, además, con una fecha de caducidad muy cortita, nos perdemos en esa inmensidad de amor en la que tú te mueves. Nos desborda y nos parece imposible. Pero ése y sólo ése puede ser mi punto de referencia. Sólo en ti me puedo mirar para descubrir que es verdad, que es posible, que hay una fuerza en mí, que arranca de la tuya y que todo lo puede hacer posible. Ayúdame, Señor, a creerlo, ayúdame a acogerlo y a vivirlo. Gracias, Señor.

 

 

25.               “Valentía y sinceridad”

 

Gracias, Señor, por abrirnos esos horizontes que laten en nosotros mismos, en nuestros mejores deseos, aunque a veces, cuando uno se mira a sí mismo o a su entorno, ya no es capaz de afirmar si de verdad quedan buenos deseos. Pero los hay. Los hay porque tú los has inscrito en nosotros, podemos taparlos, pero están y los encontramos abundantes en la gente sencilla de corazón. Sí, gracias, porque nos lo descubres, y porque sigues tendiendo tu manos y tu corazón, la fuerza de tu amor en cada uno. Que no lo tapemos, que no lo tape, Señor. Que tengamos la humildad y la valentía y sinceridad suficiente para reconocerlo y descubrirlo, porque nos jugamos el potencial de nuestra vida. Gracias, Señor.

 

 

26.               “Beber de ti”

 

Señor, permanecer, sí, eso es tal vez lo que más nos cuesta. Las cosas instantáneas, lo que se juega en un momento, es relativamente fácil, aunque pueda ser duro en un momento concreto, pero la dificultad que constatamos, no ahora, siempre, es el de permanecer, el de tener claro lo que queremos conseguir y trabajar por conquistarlo. Pero tal vez estemos perdiendo también eso, y así vamos generando relaciones y situaciones que cada vez nos meten en una especie de fragilidad, o de indiferencia, que nos impide avanzar, crecer, y hasta sentir que no es necesario, y que es mejor dejarse llevar que trabajar por consolidar algo. Al final, tenemos el riesgo de llegar tarde cuando la vida nos permite constatar que eso o con eso nos bastaba, y palpamos una dolorida resignación. Ayúdame, Señor, a estar atento, ilusionado, a beber de ti, de tu savia de bien, de vida, de amor, y a descubrir desde ahí mis mejores frutos. Gracias, Señor.

 

 

27.               “Que no pierda el horizonte”

 

Gracias, Señor, por tendernos tu mano. Gracias porque sabemos que ésa, la cojamos o no, siempre está ahí, extendida, dispuesta a ayudarnos a levantarnos. Es cierto que todo es muy complejo y muchos dirán que no tenemos nada de donde levantarnos, pero no es cierto, aunque nos lo queramos creer para eludir la realidad. Hay muchas, demasiadas cosas y personas e intereses de mil tipos que nos quieren postrados, esclavizados. No, todavía no hemos dado con la clave de la verdadera libertad, en cómo encajarla en nuestra realidad social y comunitaria. Y así nos debatimos en la superficie eludiendo el fondo de lo que significa y conlleva. Tú nos la descubres desde esa fuerza orientada al bien, a la vida hecha servicio, para construir espacios de humanidad. Ayúdame para que lo recuerde, para que no pierda el horizonte en medio de tantas realidades diferentes, que lo vislumbre cada vez más claro y con más fuerza desde ti. Gracias, Señor.

 

 

28.               “Sensible para crecer”

 

Da la sensación, Señor, de que nos cuesta ponernos en el lugar exacto, como si no supiésemos o como si quisiéramos esquivar ciertas cosas. Por una parte podemos supervalorar lo que somos,  por otra negar o minimizar otros aspectos. Y no sé por qué, pero tendemos a dar más peso a lo material que a todo aquello que nos hace más personas. Sé, Señor, que siempre es peligroso hacer afirmaciones rotundas, pero es lo que damos a entender en muchas realidades que, al mismo tiempo que manifiestan ciertas sensibilidades, por otra parte chocan con valores elementales que negamos o pasamos por alto. Señor, en medio de todo eso también estoy yo con mis contradicciones pero te doy gracias porque ahí, en esa realidad compleja, sigues convirtiéndote en llamada que me quiere mantener sensible para crecer. Gracias, Señor.

 

 

29.               “Estar atentos”

 

Señor, creo que sí, creo que nos puedes hacer esa pregunta porque, si bien puede ser que nos cueste asimilarla, no cabe duda de que podemos dar esa sensación. Puede ser que también en ocasiones la podamos disimular bajo capa de prudencia, y no cabe duda, que es algo que tenemos que ser capaces de manejar, pero sabiendo dónde nos movemos. Creo que tenemos que estar atentos, porque podemos esconder la cobardía en una supuesta prudencia que en el fondo es un modo de esquivar problemas, y también, de querer compaginarlo un poco todo, con lo  que nuestra realidad de creyentes puede quedar difuminada y, de hecho, de eso se nos acusa. Sí, nos falta valor y somos testigos un tanto mediocres y, además, los que nos miran de fuera lo perciben y nos lo achacan. Tal vez es que nuestra fe en ti todavía no es fruto de una experiencia, de un encuentro vital contigo, sino una serie de creencias hermosas que nos atraen sin más y,  pero eso, no mantienen la fuerza de nuestra fidelidad. Ayúdame a ser consciente de ello, y a ser lo que digo querer ser, pese a todo. Gracias, Señor.

 

30.               “Luz interior”

 

Sé, Señor, que vienes conmigo, que caminas a mi lado, que dentro de mí te haces fuerza para mi debilidad, y así sostienes mis pasos cuando más frágiles se manifiestan. Muchas veces pido tu sanación, pero sé que la que tú buscas y pretendes de verdad en mí, la que afecta a lo profunda de mi persona, de mi existencia, no es ella, porque sé que mi realidad es frágil y caduca, pero mi ser total es eterno y no me habla de postración y limitación, sino de plenitud y de vida. Preferiría no tener que experimentar el dolor. Tampoco tú lo querías para ti, pero lo asumiste desde el amor y, tal vez yo, desde mi realidad, tengo también que aprender a hacer de él una especie de conversión que, aunque me desborde, lo pueda hacer ofrenda de amor. Sé que a muchos esto les parece impensable. Pero no se trata de lo que otros sientan sino de lo que sienta yo, y de lo que tú supongas en mi vida de fuerza, de capacidad para afrontar mi realidad; al fin y al cabo de sentido que me ayuda, y todo lo que ayuda a afrontar algo positivamente, aunque aparentemente no se vea, es bueno. Ayúdame a sentirlo con fuerza, como una especie de luz interior, de coraje de amor. Gracias, Señor.

 

 

 

31.               “Aprender a dar”

 

A lo mejor te pasaste, Señor; y, tal vez, te hubieran y te hubiéramos entendido mejor si te hubieses manifestado más notable. Pienso que no hemos sabido valorar tu decisión. Que tú buscabas acercarte mientras nosotros buscamos distanciarte, porque nos parece que eso es lo normal. Porque así podemos recurrir a ti mendigando favores. Se puede pedir a un rico pero a un carpintero qué le vamos a pedir, y si tiene algo que dar siempre lo pondremos en tela de juicio porque de dónde puede sacar todo eso. Y así nos has invitado a buscarte, y si no te encontramos en porque buscamos en lugares equivocados, porque buscamos a otro Dios, un Dios al que servir y nos dé, y tú te has manifestado sirviendo y dándote. Has provocado una revolución divina y nos has desconcertado. Señor, ayúdame a entenderte, a buscarte allí con quienes te identificas. Nos lo has dejado muy claro. Y si tengo que pedirte algo de tu poder, te pido que me des valor para aprender a dar, a servir, como tú. Gracias, Señor.

 

 

32.               “Saberme llamado”

 

Pienso, Señor, que muchas veces, el no ser capaces de asumir ciertas realidades tiene más que ver con nuestro no querer implicarnos y complicarnos que con nuestro no haber entendido la claridad de tu mensaje y de tu llamada que nos afecta a todos. De hecho, hay cosas que sabemos, o que hemos escuchado hace mucho, pero en las que seguimos sin ahondar o implicarnos porque es mejor que lo hagan otros. Y así nos encontramos con dificultades no sólo para entender algo que es claro sino para conseguir que nuestra implicación en nuestra iglesia sea mayor y más ilusionada; pero, sin embargo son pocos los que lo acogen. Señor, sé que es más cómodo hacerse el distraído, poner  pegas o aportar razones que lo justifican todo. Pero tu llamada me llega honda y no puedo ni quiero eludirla. Por eso ayúdame a ser coherente, a vivir de manera gozosa y comprometida mi fe, a ser testigo de ella, a saberme llamado a ser constructor de tu reino. Gracias, Señor.

 

33.               “Atrayéndome hacia ti”

 

Señor, creo que muchas veces hemos dado por supuestas muchas cosas que luego, a la hora de la verdad, han puesto de manifiesto que estaban cogidas con alfileres, o que simplemente pensábamos que bastaba con acogerlas, sin más, y esperar a que hiciesen su efecto milagroso, como si ya pudiésemos bajar la guardia. Y así, cuando venían las dificultades, fácilmente nos podíamos venir abajo, o afirmar que Dios se desvincula de nosotros. Nuestra fe es previa a los acontecimientos que, buenos o malos, podamos tener. La fe es el punto de arranque. Sólo cuando nos fiamos plenamente de alguien podemos hacer frente y poner en marcha toda la fuerza de nuestra vida, más allá incluso de lo que podíamos pensar que éramos capaces. Por eso, Señor, sigue atrayéndome hacia ti y sigue dándome esos empujones que me llaman a mantenerme abierto, a experimentarte en mi ser más profundo. Ayúdame para que todo ello no se convierta en meros sentimientos que mueven mi afecto, sino en empuje que pone en marcha la fuerza de tu vida volcada en mí. Gracias, Señor.

 

 

34.               “Tu oferta continua”

 

Nos cuesta fiarnos de ti, Señor, ésa es la realidad. Nos asomas a dimensiones que nos desbordan, y que se supone que teníamos que recibir como un regalo, como la apertura a una dimensión que se nos convierte en misterio pero que tú nos desvelas en todo su horizonte más enriquecedor y esperanzador de lo que es nuestra realidad humana porque la engrandece, la abre, la dignifica, la llena de sentido. Detrás de todo ello puede ser que seamos nosotros mismos, los que decimos creer, quienes hemos puesto obstáculos, quienes hemos oscurecido a lo largo de la historia, o en nuestro hoy, la coherencia de lo que decimos creer, y eso ha creado desconfianza o rechazo. O simplemente es que no somos capaces de ir, o no queremos ir, más allá de lo que vemos porque además las exigencias o los compromisos pueden alterar nuestra comodidad. Y ahí estoy yo, Señor, en esa línea que a veces sobrepaso con dificultad y con muchas contradicciones. Por eso, aunque reafirmo mi fe, aunque ella conforma la fuerza que me sustenta, necesito tu empuje, tu llamada y tu oferta continua, tu empeño. Sigue empujando mi deseo. Gracias, Señor.

 

 

35.               “Unirme a todos”

 

Señor, nos desbordas siempre, y como todo lo que nos desborda puede ser que terminemos sin darnos cuenta del todo de lo que ello supone, puede ser que hasta ni lo veamos. Tal vez es que te has pasado con nosotros. Pensabas que podíamos tener más capacidad de acogida, de ensanchar nuestro interior, y resulta que hemos acabado o acabamos en nuestro raquitismo o cortedad de miras, y no somos capaces de valorar todo lo que nos das y todo lo que nos has entregado en ti, como si fuese una cosa más que en poco o en nada afecta a nuestra vida, o simplemente la complica, aunque nos abra a cierto mensaje de buena voluntad. Y así vamos a veces como arrastrando nuestra fe, entre afirmaciones y dudas, apoyándonos más en nosotros que en ti. Gracias a pesar de todo, Señor. Sigue teniendo paciencia con nosotros, conmigo, y sigue tocando las fibras más profundas de nuestra realidad, aunque nos desborden. Ayúdame, Señor, a ser capaz de entenderme y acogerme desde lo más profundo que me revelas, y que no me aleja de nada ni de nadie, sino que me lleva a unirme más a todos en mi aventura de la vida. Que me deje iluminar, sorprender y empujar. Gracias, Señor.

 

 

 

36.              “Lo más liberador”

 

Tu empeño, Señor, sigue chocando con nuestros límites estrechos y con una especie de sentimiento, me parece, que nos hace sentir que tú nos metes en una situación siempre exigente que nos puede impedir vivir la vida de manera más holgada y a nuestro aire. Puede ser que haya algo de razón, pero de razón equivocada. Porque precisamente abrirnos a tu realidad supone abrirnos a descubrir la nuestra desde ti, que no apaga nada, sino que la potencia, y le da un valor añadido que precisamente es el que nos podía permitir que muchas cosas, muchas actitudes, pusiesen ese toque de humanidad que es la que debía hacer que sintiésemos la vida con más fuerza y con capacidad de gozar con más paz, alegría y esperanza nuestras relaciones, cosa que parece nos cuesta conseguir. Tengo que pedirte cada día tu ayuda para entenderte y entenderlo, si no tendrán razón aquellos que dicen que la religión es algo a desaparecer o algo incordioso, cuando precisamente es o debía ser lo más liberador de nuestro proyecto personal. Ayúdame, Señor, a ahondarlo. Gracias.

 

 

37.               “En ti”

 

 

Éste pienso que es uno de nuestros retos. No me atrevo a decir tarea pendiente porque seguramente que, al menos en el deseo, intentamos aprender de ti, pero a veces tengo la impresión de que nuestro aprendizaje, en sí siempre lento, lo ralentizamos todavía más, por la causas que sean, y que cada uno tendremos que descubrir desde nuestra propia verdad, si es que somos capaces de abrirnos a ella con sinceridad. Señor, mis pensamientos, siguen siendo demasiado míos, es decir, demasiado encerrados en mí. Una de tus exigencias para seguirte es la de ser capaces de negarnos a nosotros mismos, que no significa anularnos, sino descubrir que en ti se realiza nuestro sí, y que desde ti, sólo desde ti, podemos crecer de verdad como nosotros mismos. Porque no quieres borregos, ni siervos, quieres hijos. Ayúdame a entenderlo, Señor, y a intentar darle forma en mí. Gracias, Señor.

 

 

 

38.              “Nuestra fidelidad”

 

 

Señor, nos encantan los números, luego la realidad no se corresponde, pero nos encanta decir que somos  muchos, que tenemos muchos grupos en la parroquia y nos enorgullecemos, o pocos y nos lamentamos; que van pocos a muchos a misa, que son mayores y pocos jóvenes, etc. etc. Nos quedamos en lo externo y nos cuesta, también a nosotros ahondar. Es cierto que es bueno que haya muchos, ojalá más cada vez, porque el mundo y nuestra sociedad y nuestros hogares y comunidades irían mejor. Ojalá llegase el día en que todos siguiesen a Cristo, pero ello también depende de nuestra fidelidad, de nuestra coherencia, de nuestro modo de vivir nuestro seguimiento. Por eso, Señor, ayúdame a mirar más dentro que fuera, para que de ahí vaya saliendo cada día lo mejor de mí para bien de muchos. Gracias, Señor.

 

39.               “Tu llamada continua”

 

 

Señor, gracias por no ser como nosotros, si lo fueses ya no tendríamos un punto de luz y de referencia, porque seguimos siendo tendentes a apagar ilusiones. Por eso, muchas veces no nos queda más que el alivio de las cosas con las que creemos llenar nuestros espacios de vacío, pero que no pueden hacerlo. Nuestro interior no se sacia con cosas y, menos mal que es así, si no nos terminaríamos cosificando, cosa que muchos intereses pretenden. Gracias porque tu medida y tu modo de ver las cosas, o mejor, de vernos a nosotros, es diferente. No pretendes sacar provecho de nosotros, vienes a ofrecernos vida y salvación, y las das a quien las busca, sea cuando sea el momento en que ha sentido esa necesidad profunda de su ser que lo valora y dignifica. Y gracias por haber tenido la suerte de haber podido entrar a trabajar en tu viña a la primera hora. Tal vez no he sabido estar muchas veces a la altura de lo que esperabas de mí. Muchas veces me he sentido cansado y hasta me he podido parar al borde del camino, pero tu llamada continua me ha vuelto constantemente a reilusionar. Sigue haciéndolo así, porque sabes de mi fuerza y de mi fragilidad. Gracias, Señor.

 

 

 

 

40.               “Seguir tras de ti”

 

 

Señor, mi vida también está hecha de síes y de noes. Muchas veces te he dicho que sí, pero he detenido mi marcha o la he torcido. Otras veces te he podido decir que no pero no he podido dejar de seguir tras de ti, porque sólo en ti puedo encontrar la fuerza y el sentido necesario para apoyar y potenciar lo mejor que brota de mí, aunque sea yo mismo quien pueda apagarlo en muchos momentos. Quiero seguir adentrándome en tu aventura de hacer que se vislumbre gotitas de tu reino, en este mundo tan confuso en el que estamos inmersos, y que contribuimos tan poco a dignificarse. Señor, no te canses de tirar de mí, no te canses de invitarme a trabajar en tu viña, aunque a veces no lo dé todo, pero lo busco, lo deseo y lo ansío. Ayúdame a adéntrame cada día u poco más en tu aventura de esperanza. Gracias. Señor.

 

 

41.               “Consciente de mi responsabilidad”

 

 

Señor, muchas veces, cuando escuchamos estas palabras o parecidas, echamos balones fuera y enseguida miramos toda la maldad que nos rodea, como si en nada fuese con nosotros. Nos olvidamos que esas palabras las estabas dirigiendo al pueblo creyente, el que se creía que lo estaba haciendo bien y respondiéndote en todos sus cumplimientos, y esa autosatisfacción les impedía ver más allá o les justificaba. Señor, esperas mis frutos y yo no me mato para ver la forma de generarlos, de trabajarlos, de buscarlos y que, además, no sean de cualquier manera, sino que tengan la mejor calidad y aspecto. Frutos manifestados en la positividad de mi vida de mi vida y de tu seguimiento. Sigue ayudándome con tu palabra, con tu toque de atención, con tu llamada en muchas situaciones urgente. Hazme consciente de mi responsabilidad, y del gozo que ello conlleva, cuando se concreta en actitudes de bien. Gracias, Señor.

 

 

 

42.               “Hacia el bien”

 

 

                Qué fácil es decirte no. Qué fácil es cerrarte la puerta y quedarnos aparentemente tranquilos. Qué fácil es cerrar ventanas y dejarlo todo a oscuras porque así creemos que no nos vemos ni nos ven. Qué fácil cerrarnos a tu llamada, y a la de los otros, para que nadie nos moleste y no haya ninguna voz disonante con lo que hacemos o dejamos de hacer. Y en esa especie de huída de nosotros mismos vamos empobreciendo nuestra realidad,  justificada siempre; pero que, al margen de las cosas, se nos va quedando con el tiempo vacía. Señor, mantenme abierto a ti. Déjame descubrir cada día en ti el tesoro de mi existencia y encamíname contigo cada día hacia el bien. Gracias, Señor.

 

 

43.               “Deseo de bien”

 

 

Señor, gracias por confiar en nosotros. Gracias porque nos permites construir nuestra historia, no al azar, sino de una manera consciente, sabiendo qué es lo que quieres, lo que esperas de nosotros. Sé que muchas veces te sentirás decepcionado de nuestra respuesta, pero nos das tiempo y deseos, Sabes que nuestro proceso es lento pero sigues, a pesar de todo, esperando y confiando en nosotros, y yo quisiera ser capaz de saberte responder. Ayúdame a mantenerme consciente de esta tarea de construir, no sólo mi vida, sino esta parcela de mundo en la que mes has puesto. Las dificultades no son pocas, lo sabes, en primer lugar las que yo pongo, pero en medio de muchos fracasos la ilusión y el deseo permanecen vivos, y la tarea es esperanzadora porque es mucho lo que hay por hacer, y en el corazón de todo hombre, de alguna manera, a veces aunque sea equivocada, hay un deseo de bien. Ayúdame para que no se apague en mí. Gracias, Señor.

 

44.               “Tu amor mueva el mío”

 

Señor, entramos en esta semana especial a la que llegamos después de este tiempo cuaresmal. Que podamos experimentar que no lo hemos desaprovechado. Es el momento de asomarnos al núcleo central de tu misterio salvador, de tu entrega por nosotros, por mí. Ayúdame a hacerme consciente de esta historia de amor en la que estoy inmerso, de lo que has apostado y derrochado por mí, mientras a veces juego a la mediocridad del ir tirando. Soy consciente de que tal vez no soy capaz de grandes saltos en mi acontecer diario, pero sé también que puedo seguir creciendo hacia mi propio interior, donde puedo encontrarme con lo mejor de mí y contigo, para seguir empujando y dinamizando mi realidad. Que tu amor mueva el mío en gestos de bondad, como tú, y sean signos de que tu pascua dejo que actúe en mí. Gracias, Señor.

 

 

45.               “Nos has hecho hijos”

 

Gracias, Señor, por el regalo de tu madre. Gracias porque nos las has dado también a nosotros, tal vez para hacernos el camino más fácil hacia ti, porque así lo sintió ella. Gracias porque en ella, mujer como nosotros, nos has permitido descubrir hasta dónde podemos llegar cada uno de nosotros; hasta, dónde, en el misterio de la vida y de la fe, podemos seguir esperando en ti y poniendo nuestra historia en ti en medio de las incertidumbres y las desesperanzas. Gracias porque en ella nos ha permitido vislumbrar tu amor por nosotros y tu gracia derramada sobre todos, para que así como a ella la hiciste madre a nosotros nos has hecho hijos. Gracias, Señor, gracias Madre.  

 

 

46.               “Llamada a mi vida”

 

Señor, sí, sabemos perfectamente que de ti solo podemos esperar bien. Cómo podía ser de otra manera cuando has sido capaz de dar tu vida por nosotros. Es el máximo don que nos podías ofrecer. Desde ese amor incondicional, gratuito, nos has dado lo que los hombres no podemos ni esperar ni soñar, has dado sentido a nuestra vida, has dado valor a nuestro paso por esta tierra, que tú quisieras mejor, trastocada ya desde el amor, de esa clase de amor que se ha materializado en ti y que nos has ofrecido como referente. Pero seguimos lejos. Seguimos mirando a lo material, seguimos sobre todo sordos o indiferentes a ti, y tendemos a frenar esa búsqueda y llamada a nosotros mismos que nos impide convertirnos en torrentes de bien, de ese bien tuyo volcado en nosotros para volcarlo. Ayúdame para hacer de esta cuaresma un tiempo de encuentro, de búsqueda especial, de llamada a mi vida para encontrarte como respuesta en ella de manera que algo descubra y cambie, a ser posible, en mí. Gracias, Señor.

 

 

47.               “Tu fuerza y tu paz”

 

Y nosotros, Señor, queremos seguir siendo grandes, independientes, plenamente autónomos, es decir, vivir a nuestro aire, lo digamos con mejores o peores palabras. Y eso a todos los niveles. Lo estamos viendo todos los días. No valen ni palabras, ni firmas, ni leyes, cada uno a lo suyo; y siempre detrás, intereses. No merece la pena caer en lo que ya suena a tópico cuando parece enquistado en nuestra realidad, sólo intentar acoger tu palabra y tu mensaje a pesar de las presiones, rechazos o violencias que podamos experimentar. Es fácil decirlo, pero su peso, nos condiciona, por eso necesitamos el coraje de Juan, y tu fuerza y tu paz. Que sepa apoyarme en ellas. Ayúdame, Señor. Gracias.

 

 

48.               “Tu empeño salvador”

 

Es  cierto, Señor, seguimos buscando signos cuando los has hecho todos, al menos los más significativos para hacernos ver cuál es tu proyecto de humanización y cómo nosotros estamos llamados a entrar en él, no sólo para que nos libres de ellos, sino para que asumamos esa batalla que tú viniste a hacer en nuestro favor, y la hagamos a favor de todos, en la medida que está en nuestra mano y posibilidades. Gracias, Señor, por tu empeño salvador. Ayúdame a responder a él, a ser capaz de tener el valor e enfrentarme a todo ese mal que quiere paralizarme y a sembrar contigo esperanza. Gracias, Señor.

 

49.               “Quiero crecer”

 

A veces perdemos expresiones, palabras, que creemos ya pasadas, que no entran en nuestro vocabulario o en el ámbito de nuestra vida porque parece que son de uso exclusivo de una etapa de la vida. Pero la palabra, la actitud de aprendizaje es continua, o debe serlo, si no queremos correr el riesgo de estancarnos, de empobrecernos, de ir respondiendo un tanto arrastrados por lo más externo del ambiente o de nosotros mismos. Por eso tu matiz me resuena vital y me recuerda esa actitud esencial capaz de mantenerme atento y descubriendo lo mejor de mí, mi proyecto vital. Es fácil dejarse llevar, Señor. Es mejor caer en la inercia de los días, de los ritmos, y así vamos repitiendo, generalmente de modo resignado, sin ser conscientes de lo que ganamos o perdemos. Es un poco como estar muertos y, al final, hay algo que nos hace sentir insatisfechos de nosotros mismos, aunque tratemos de taparlo o disimularlo de mil maneras. Por eso, Señor, ayúdame. Quiero estar vivo y vivir en el sentido más amplio de la palabra. Quiero ser yo en medio de toda la realidad que me envuelve. Quiero crecer y llegar a mi meta. Ayúdame, Señor.

 

 

 

 

50.               “Crecer en ti”

 

Señor, más allá de mis obras estás tú. Y eres tú, Señor, el que las puede llenar de sentido y dar forma, si no quiero que se conviertan en obras vacías, en obras que broten sólo de mi buena voluntad pero no desde ti. Así es como brotaron de ti. Obras que brotan de un encuentro, de una experiencia, no sólo de una convicción por buena que sea, porque desde ahí, pronto, de una manera o de otra, se pueden venir abajo. Ayúdame a entrar en tu misterio de amor. Ayúdame a entrar en tu corazón de Padre. Ayúdame a entender que sólo entrando en ti puedo salir de mí, y que saliendo de mi me puedo encontrar conmigo y con los otros, sintiéndolos o intuyéndolos como tú. Sé que me estás invitando a un reto que me desborda en muchos aspectos, no sólo por su grandeza sino por mi realidad que me empeño en minimizar y reducir. Ayúdame, Señor, a crecer en ti. Gracias, Señor.

 

 

51.               “Abierto desde ti”

 

Muchas veces pretendemos apretar demasiado las clavijas de nuestro ser, y late más el deseo que la realidad. Es cierto, Señor, que tú siempre nos invitas a caminar a avanzar, a levantarnos, a nos pararnos, a correr hacia la meta. No puede ser menos porque sería como negar a un padre y una madre el que su hijo crezca y se haga hombre. Pero tampoco podemos olvidar que necesitamos un sustrato que es el que hay que salvaguardar. Me resuena aquello de que la caña cascada no la quebrará y, muchas veces, nuestra caña, nuestra vida, está o es más frágil de lo que nosotros mismos queremos o afirmamos, pero sobe la cual nos podemos seguir apoyando porque tú mantienes viva. Por eso, Señor, gracias. Gracias por el mínimo y por el máximo. Gracias porque en ese abanico de mi vida estoy llamado a hacer mi historia, y y en ella me invitas a descubrir que compartir contigo el pan, tu pan, tu vida, es parte esencial de ese horizonte siempre abierto desde ti, y que si alguien cierra ese soy solamente yo. Ayúdame, Señor. Gracias.

 

 

52.               “Forjamos nuestra felicidad”

 

Cuánto se escribe sobre la felicidad, tal vez queriendo expresar con esa palabra muchas cosas que puede ser que se nos escapen. Muchas veces también apoyadas en aspectos meramente externos que, ciertamente, no la hacen posible, porque lo meramente material siempre es pasajero y sujeto a los avatares del día a día. Por eso fluctuamos tantas veces, y lo que hoy era o hacía felicidad mañana lo elimina lo contrario. No, no significa que la felicidad tenga que ver con la indolencia. Cuando el dolor viene duele y rompe muchas de nuestras estructuras y hasta nos desestabiliza. Y eso hasta nos hace preguntarnos dónde estás. Y es que se nos olvida eso, que tú estás ahí amando, amándonos; que nuestra existencia se apoya en tu amor y que caminamos hacia la plenitud de un amor que nació en ti y culmina en ti, Cuando eso lo sentimos nuestra vida adquiere un talante, y sus luces y sus sombras pisan tierra firme, Cuando descubrimos que ahí late nuestro sentido somos capaces de pasar contigo por encima de nuestras circunstancias y aportarles el peso firme de una experiencia que la consolida y que aporta a todo una mirada y una esperanza nuevas. Ahí y así forjamos nuestra felicidad condicionada pero en camino de su plenitud porque no se apoya en lo que sucede sino en lo que llevamos inserto en el corazón. Ayúdame a sentirlo y vivirlo, Señor. Gracias.

 

 

53.               “Corriente de fuerza”

 

Nos cuesta encontrar la armonía con nosotros mismos, Señor, y desde ahí ya podemos intuir, y además la experimentamos, la dificultad para encontrar la armonía con los otros. Es ahí y así como seguimos poniendo de manifiesto nuestras contradicciones y, cómo a pesar de tener aparentemente claros muchos objetivos, a la hora de la verdad choca, no ya con obstáculos externos, sino con los nuestros propios, con los que generamos en nuestro interior, a veces bastante confuso o presa de muchos sentimientos que no sabemos encauzar, no sé si porque no ponemos todo el empeño o porque en realidad no sabemos asumirlos en todas sus consecuencias. Señor, tu llamada suena universal y en ella está en juego esa corriente de fuerza, de vida, de bien, de amor, que no es un invento, que llevamos inscrita, y que por eso nos sorprende cuando vemos gestos de ruptura. Es un proyecto vivo en ti y en mí, ayúdame a no olvidarlo. Gracias, Señor.

 

 

54.               “Transformar nuestra realidad”

 

A veces tengo la sensación, Señor, de que todavía no hemos entendido muy bien lo que significa el amor y, tal vez, por eso lo hemos reducido, lo hemos limitado, y hasta desvirtuado. Hemos hecho de él algo teórico cuando precisamente es la fuerza que está llamada a dar forma a todo nuestro ser, a todas nuestras relaciones, a responder a toda la realidad personal y social que nos relaciona, y que toma notas muy diferentes cuando se hace desde una perspectiva, desde una base o desde otra. No, el amor no es algo meramente romántico, el amor es lo que conforma nuestro ser, lo que está llamado a definirnos y a expresarnos como humanos. No es signo de debilidad, como algunos llegan a afirmar, sino precisamente la fuerza, el coraje, para ser capaces de transformar nuestra realidad desde nuestra propia transformación interior en la medida que te dejamos que tú penetres en ella. Ayúdame, Señor, a entenderlo, a acogerlo y a donarlo. Gracias, Señor.

 

 

55.               “Constructor de relaciones”

 

Son muchas las voces que se levantan a nuestro alrededor para acaparar nuestra atención, para que de alguna manera les sigamos y lleguemos a hacer nuestro su mensaje. Y los hay para todos los gustos, algunos tristemente hasta para el mal que también tienen muchos, demasiados adeptos. Pero para nosotros, para mí, tu llamada no es una más, es la única, la auténtica,  porque no tiene otro interés que el otro. No es una llamada que busca tu beneficio sino el mío, el nuestro. Tu mensaje arranca de ti para extenderse y volcarse como fuerza de bien en el ser humano, al que tratas de despertar en su fuerza y capacidad de bien interior para que se vuelque en los otros. Así, una y otra vez, ha resonado tu llamada, directa o indirectamente, para invitarnos a abrirnos a tu mensaje de servicio, de amor. Señor, que sepa siempre distinguir tu voz. Que sea ella la que marque el ritmo de mi vida. Que descubra el valor del salir al encuentro de los otros no al enfrentamiento. Que aprenda desde ti, abriéndome a tu palabra, a ser constructor de relaciones no a romperlas. Ayúdame. Gracias, Señor.

 

 

56.               “Crecer en ti”

 

Señor, pienso que nuestro problema, si lo podemos llamar así, no es el de saber o no saber orar, sino el sentir la necesidad de orar. Sentir la necesidad de encontrarnos contigo. De ser capaces de pasar un rato contigo en intimidad de amigo, de verdad, sintiendo el calor y la fuerza de tu cercanía, y el empuje de tu amor. Tal vez nos ha preocupado el tiempo, y creer que teníamos que estar mucho rato, hasta casi aburrirnos porque ya no sabemos qué decir. Y, sin embargo, el estar contigo no es cuestión de tiempo sino de verdad, de corazón, de intensidad, y que digamos lo que digamos, o puede ser que nuestro silencio de adoración, no sea o se convierta en algo rutinario, sino en algo gozoso que  tú y nosotros podemos hacer que se extienda en el tiempo sin darnos cuenta. Por eso, ayúdame para crecer en ti, para hambrear ese espacio en el que poder compartir un encuentro contigo que mantenga viva la fuerza de mi ser. Gracias, Señor.

 

 

57.               “Mi crecimiento”

 

Seño, Señor, déjame decirte así, porque me sabe a fuerza, a cercanía, a amor. Sé que a pesar de todo, mi realidad está siempre muy mediatizada. Que quiero seguirte, pero que en mi caminar hay muchos baches, muchas paradas, muchos silencios, muchos caminos equivocados, unas veces inconsciente y otras inconscientemente, de los que yo mismo me asusto. Pero tú  sabes, Señor, que trato de buscarte, de responder a tu llamada, de ir trabajando ese cúmulo de valores  que has sembrado en mí, de responder a tu amor. Ayúdame a mantenerme en ese deseo, Señor. Ayúdame a aferrarme con más fuerza a ti. A ahondar en lo que significa mi ser persona y mi ser tu discípulo. Ayúdame para que no me asusten ni mis lagunas, ni los retos que intuyo, ni las dificultades que pueda experimentar. Que todo lo sienta como parte de mi crecimiento, de mi ser haciéndose, de mi aprendizaje continuo, de mi querer formar parte de ti, de mi disponibilidad y de mi esfuerzo ilusionado. Gracias, Señor.

 

 

58.               “Ayudarme a caminar”

 

Gracias, Señor. Gracias por poder encontrarme cada día con esa acogida y ese estímulo. Porque qué pocas veces lo encuentro en mi realidad, desde fuera o desde mí mismo. Y es que tenemos una tendencia a ver más lo negativo. A frenarnos y a frenar a los otros, a bloquearnos y poner barreras. En lugar de perdonar los fallos los utilizamos para machacar, incapaces de darnos oportunidades. Lo vemos cada día en un montón de realidades sociales en las que nos movemos. Por eso tu palabra, Señor, esponja el corazón. Y, aunque a veces pueda ser complicado hacerlo realidad, sólo escucharlo, dejar abierta esa posibilidad, es ya un motivo para saber que gran parte de mis opciones están en mi mano. Ayúdame, Señor, a sentirlo así; y, sobre todo, ayúdame para que no olvide que tú estás ahí siempre, no para ponerme frenos y zancadillas sino para ayudarme a caminar. Gracias, Señor.

 

 

59.               “Responder desde dentro”

 

No había menos violencia en tu tiempo, Señor. Los hombres hemos caminado con esa lacra a lo largo de la historia, y parece que no estamos dispuestas a superarla. Hay muchas voces, sí, que se levantan contra ella, y eso da esperanza, pero a pesar de ello, la violencia se sigue extendiendo de manera alarmante, y hasta metiéndose por los resquicios de realidades que podíamos considerar santuarios de paz, como es la familia. Señor, nuestro corazón es contradictorio y se manifiesta dividido de mil maneras. Y es en él donde estamos llamados a descubrir y a situar tu paz. Esa paz previa y profunda que nos puede hacer capaces de pararnos ante los acontecimientos para responder desde dentro, no desde fuera. En medio de toda esa realidad ayúdame a acoger tu paz y que ella se convierta en el árbitro de mis actitudes. Fue tu actitud y tiene que ser la mía. Ayúdame. Gracias.

 

 

 

 

60.               “Dejarme acoger”

 

Gracias, Señor, por salir a mi encuentro así, con tu oferta de paz, de sosiego, de descanso. No precisamente descanso exterior, que de ése ya me suelo preocupar, o nos es más fácil encontrarlo de una manera o de otra, sino con ese descanso que toca nuestras tensiones interiores, nuestras incertidumbres, los cansancios de muchos agobios a los que nos somete la vida y las circunstancias, y también todas esas realidades turbias,  oscuras, que nos hacen vivir en una tensión que a veces nos desestabiliza, nos inquieta o hasta nos rompe. Gracias porque en medio de todas estas realidades, de tantos brazos que nos tiran hacia sí para obtener algo, tú vienes a ofrecernos el descanso de la acogida, del amor que toca nuestras raíces y que hace brotar de mí el deseo de despertarlo en toda su fuerza. Gracias, y ayúdame a saber volverme hacia ti. A acogerte y a dejarme acoger. Enséñame a descansar contigo y en ti. Gracias, Señor.

 

 

61.               “Aprendiendo de ti”

 

Señor, mis respuestas hacia ti se me hacen generalmente prontas y fáciles, y reconozco que muchas veces llevadas por mi buena intención, y porque me haces sentir también tu cercanía y tu ser en mí. Pero todo ello camina al lado de mi fragilidad y de tantas situaciones  que parecen tener más fuerza que mis decisiones y mis aparentes firmes opciones. Pero esta es la realidad de mi camino que no puedo justificar, simplemente descubrir, asumir, a veces, sufrir, y no perderme en el empeño de seguir caminando,  de seguir mirándote y aprendiendo de ti, para que mis respuestas cada vez sean más auténticas, más coherentes, y más gozosas. Ayúdame en ese empeño. Gracias, Señor.

 

 

62.               “Que no pierda la referencia”

 

Qué fácil y, al mismo tiempo, qué difícil, Señor. Cómo nos cuesta trabajar nuestros sentimientos y nuestro corazón. Tal vez es porque, en el fondo, no nos conocemos o no queremos reconocernos en nuestra propia verdad y en el valor de lo que realizamos o podemos realizar. Y así nos mantenemos muchas veces cerrados en nosotros, en nuestras heridas, como si fuesen nuestra defensa cuando en realidad nos hacen daño y nos paralizan. Es verdad que no somos impasibles, ni debemos serlo porque forma parte de nuestra realidad humana, pero debíamos ser capaces de dominarlas, de encauzarlas, de poner de manifiesto que somos nosotros quienes mandamos y no ellas. Señor, ayúdame para que lo entienda y acoja porque a veces mi corazón es lento en reaccionar, porque mis gestos de perdón aunque se pongan de manifiesto, mis heridas tardan demasiado en curar. Pero ayúdame para que no pierda la referencia, para que descubra su poder sanador en mí. Ayúdame a descubrirlo contigo y desde ti. Gracias,Señor.

 

 

63.               “Con sinceridad”

 

Gracias, Señor, por mantenerte en tu empeño en medio de nuestros empeños en contra. Gracias, porque sigues apostando por nosotros y por la posibilidad, casi aparentemente imposible, de romper nuestras inercias y nuestros empeños de seguir en nuestros guetos y en seguir levantando muros. Aunque no lo queramos tener en cuenta, tú sigues siendo esa esperanza incombustible que sigue ofreciéndonos caminos de salvación, de sacar adelante toda la fuerza de nuestra realidad humana, que parece que no nos interesa, mientras seguimos en la indiferencia o rompiéndonos unos a otros. Señor, dame deseos y lucidez. La fuerza la tengo, aunque la paralice. Está ahí como la fuente de mi potencial personal. Y tú no miras mis carencias, aunque las veas, vislumbras mis posibilidades porque las conoces. Enséñame a encauzar y dar forma a ese deseo en medio de la realidad que abarco, con sinceridad, de verdad. Gracias, Señor, porque en ese “todos”, estoy yo.

 

 

64.               “Demostrar nuestra capacidad”

 

Gracias, Señor, porque es en ti donde encuentro la fuerza de tus palabras, en su sencillez y en su exigencia. A veces las palabras nos pueden condicionar y, tal vez, no sepamos entenderlas, o veamos en ellas lo que aparentemente conllevan de carga, pero al final se trata de sentir si esa aparente carga es un peso que hace de nuestra vida algo pesado, y que es mejor dejar a un lado siguiendo el criterio de lo que nos apetece, y máxime ante las dificultades, o si esa aparente exigencia es la que nos ayuda a poner en marcha y a demostrar nuestra capacidad de dar forma a esas palabras hermosas, envueltas en deseos ilusionados y sinceros, para que lleguen a conseguir dar toda la fuerza de su verdad a nuestros proyectos. Señor, todo ello significa decisión, coraje, verdad, lucha por lo que uno dice haber querido y querer. Ayúdame a aprender de ti. Gracias, Señor.

 

 

65.               “Tu empuje”

 

 

Señor, sí, yo creo que en el fondo te tenemos miedo, no por lo que supone el misterio de tu realidad divina, desbordante para nosotros, aunque te hayas manifestado cercano, sino precisamente por tu cercanía que siempre nos pide algo más de nosotros y poner en juego lo que somos para entrar en el ámbito de tu reino de amor que conlleva muchas implicaciones. Preferiríamos que nos dejases tranquilo, que fueses un dios cómodo y distante para no comprometernos. Y, sin embargo, Señor, en ti encontramos lo mejor de nuestra humanidad. Por eso tienes que seguir empujando mi realidad, porque sabes de mis tendencias, pero no te canses, Señor, porque necesito tu empuje y tu fuerza. Gracias, Señor.

 

 

66.               “Fuerza y convicción”

 

 

Gracias por toda tu palabra. Gracias, Señor, por tu anhelo de abrir mi corazón a todos, como lo hiciste tú. A veces, es cierto que hace falta mucho empeño, porque las relaciones humanas que hemos creado son muy complejas y les ponemos muchos condicionamientos. Pero si queremos construir algo nuevo y diferente sólo puede ser así. Muchos no lo entienden, por eso la respuesta puede ser negativa cuando no agresiva, bien lo sabes tú. Por eso, Señor, dame fuerza y convicción para hacer míos tus deseos. Ayúdame para hacer todo el bien que esté a mi alcance. Que siga aprendiendo a amar gratuitamente, como tú. Ayúdame a poner mi granito de arena en la construcción de tu reino. Gracias, Señor.

 

 

67.               “Superar mis contradicciones”

 

 

Pienso que muchas veces quiero verte en la teoría, Señor. Un verte místico, una especie de éxtasis que me adentre en no sé qué cielo. Y sí, tú lo puedes hacer, y lo harás definitivamente cuando te podamos ver una vez alcanzada la otra orilla. Pero nos cuesta acoger tus palabras, hacerte caso, en definitiva, para saber dónde te podemos encontrar con certeza. Y una es el sagrario, sí, pero especialmente en los otros y en los más desfavorecidos. Pero  ahí nos cuesta verte o no queremos verte, lo mismo que sabemos que te encontramos en la cruz, y la besamos en su materialidad, pero nos cuesta besarlas, es más, la rechazamos de plano, cuando nos llega en las realidades dolorosas de la vida, cuando te preguntamos desconcertados dónde estás, olvidando que es ahí donde estás precisamente de un modo más especial e intenso. Señor, ayúdame a superar mis contradicciones, atráeme con fuerza hacia ti y vuelve mi mirada hacia donde estás, para que te ame en la realidad del camino de mi historia. Gracias, Señor.

 

 

68.              “Abrirme a ti”

 

 

Señor, qué hermosas suenan algunas palabras pero qué frágiles se nos manifiestan. Tienen una fuerza tremenda en sí y, al mismo tiempo, llevan el sello de la fragilidad. Pero cuando se asumen se convierten o se pueden convertir en el mejor soporte de cada persona, comunidad o sociedad. Hoy estamos debilitando la paz, la estamos rompiendo desde nuestros pequeños ámbitos de relaciones hasta los estadios de crueldad sociales más desconcertante que hacen que todo se tambalee. Porque cuando falla la paz todo se resquebraja. Por eso tu llamada y tu envío suena a reto, a reto valiente que nos tiene que interpelar, y nos debe llevar a descubrir cuál es el ámbito y el modo en que estoy llamado a darle forma. Pero antes que nada me llamas a abrirme a ti, príncipe de paz, para que inmerso en ti, dejándome llenar por ti, pueda volcarme, porque no puedo dar lo que no tengo. Eso conlleva aferrarme a ti, sentir tu paz inquebrantable, y supone lucidez, limpieza de corazón, fuerza y valentía, y te las pido para poder responder allí donde estoy, con tu paz. Gracias, Señor.

 

 

69.               “A nuestro lado”

 

Es cierto, Señor, somos unos expertos en poner peros y buscar excusas, y verlo todo negro en lo que “simplemente” es difícil, como si la vida fuese fácil. No. No significa que hay que ir por la vida con cara de tragedia. No significa que no podamos hacer fiesta y disfrutar de las cosas buenas de la vida y de lo bueno que podamos recibir. Precisamente la oración es ese espacio de encuentro donde somos capaces de descubrir todo lo bueno y lo bello en lo que se convierte todo desde ti, y experimentar que estás a nuestro lado en la construcción de lo mejor de mí y de mi mundo. Tu respuesta siempre nos abre a la esperanza, a mantener el empeño ilusionado de ofrecer lo mejor porque de ti lo hemos recibido. De no quedarnos en la materialidad de las cosas solamente, porque tú, donde respondes siempre es en la sanación de nuestro interior que hace que lo que brota de nosotros aporte sanación y vida. Ayúdame a sentirlo, a sentirte, así. Y sé que eso no me lo niegas nunca. Gracias, Señor.

 

 

70.               “La llama de mi amor”

 

 

Sí, Señor, es cierto, no ha pasado el tiempo en la vivencia de esa realidad y, tal vez, lo tengamos que recordar para poder asumir su dramatismo como parte de nuestro ser creyentes y, así, fortalecer y afianzar nuestra fe. Muchos dicen que la fe no sirve para nada, pero se rechaza a quienes la tienen, de lo que se deduce que para algo debe servir, que mucha fuerza tiene que tener y mucho molestar, cuando se rechaza con tanta virulencia y, eso, sin meternos en grandes fanatismos, de un signo o de otro, que eso es otra cosa, y nada tiene que ver con una verdadera religión. Puede ser que en algún momento actuásemos así, pero eso, gracias a Dios, quedó superado y forma parte de retazos tristes de nuestra historia, como realidad de todo lo que somos los hombres capaces de distorsionar. Por eso, Señor, ayúdame a reforzar mi fe, a reforzarla en ti, que es donde puedo descubrir la autenticidad de un Dios que ama la vida y al hombre. Que no reniegue de ello, Señor, por muchas que sean las dificultades. Reaviva la llama de mi amor. Gracias. Señor.

 

71.               “Acogida”

 

 

Señor, éste es el gran problema, que casi nos estamos haciendo impasibles. Pasamos indolentes ante los demás, se actúa sin importar los otros, buscamos nuestro propio interés o capricho, cueste lo que cueste, y para cuando nos queremos dar cuenta nos hemos hecho indiferentes y cerrados en nuestro mundo egoísta, cómodo y superficial. Y lo peor es que eso se nos contagia. Ayúdame, Señor, para que mi corazón no se endurezca, ayúdame a mantener viva la sensibilidad, ayúdame para que mis actitudes manifiesten interés, humanidad, y rechacen y denuncien el mal. Que no pase indiferente por esta historia. Ayúdame a gozarla y a llorarla. Ayúdame a que mis gestos sean siempre de acogida y de cercanía, como los tuyos. Gracias, Señor.

 

 

72.               “Empezar desde abajo”

 

Gracias, Señor, por tu referencia, por tu ponerte delante de nosotros no sólo con tus palabras sino con tus gestos, grandes y pequeños, para que podamos entender mejor qué nos dices, qué esperas de nosotros, desde dónde y cómo sentirnos llamados a hacer algo nuevo en este mundo en el que nos movemos. Esto es lo que está llamado a identificarnos. Y no, no es nada llamativo. Tal vez por eso no le damos importancia, cuando a veces pensamos que nos pides grandes cosas, o que debíamos hacerlas. Nuestras grandes cosas pasan por el tamiz de lo pequeño, de lo diario, de lo que aparentemente no se ve pero que, sin embargo, lo cambia todo, le da sentido a todo, lo enriquece todo. Lo que no se gesta desde abajo no se manifestará nunca en lo grande. Así toda tu obra culmina en eucaristía y comienza ahora en ella. Por eso nos invitas a empezar desde abajo, desde lo pequeño, hasta agachados si hace falta, para lavar los pies de los otros con amor, y ayudar, ayudarnos a caminar hasta la meta que nos tienes preparada. Gracias, Señor, ayúdame a aprender.

 

73.               “Adentrándome en tu proyecto”

 

Señor, no sé si en realidad nos lo pones fácil o difícil. A veces dan ganas de preguntarte por qué no eres un dios “normal”, allí en el cielo, contentándote con que te digamos que eres importante y te dediquemos alabanzas, aunque no sepamos muy bien para qué sirven pero que quedan bonitas. Nos podías haber creado sin más consecuencias que pasar por aquí, como sea, y al final fin, como muchos quieren creerlo así, porque eso también es una opción de creer. Pero no, has iniciado nuestra historia contingente para que caminemos en ella, no obligados, sino libremente, en medio de una realidad que nos viene enmarcada en alegrías y sufrimientos, y haciéndose desde fuera hacia dentro y desde dentro hacia fuera, para que busquemos y construyamos lo que deseamos, ofreciéndonos, eso sí, la fuerza de tu amor para hacerla crecer hacia su consumación humana. Pero parece que es como demasiado, como que no llegamos, como que no podemos o no queremos. Pero tú, que sabes lo que está en juego, sigues empeñado en ello, y nos enseñas y nos lo recuerdas, y nos estimulas para realizarlo. Y quiero seguir adentrándome en tu proyecto. Ayúdame. Gracias, Señor.

 

 

74.               “Mirarte a ti”

 

Es cierto, Señor. Siempre he dicho que me dígan la verdad sobre mí, pero tengo que reconocer que cuando lo han hecho o lo hacen, suponiendo que lo hacen bien y con deseo de ayudarme, hay algo por dentro que me hace sentirme molesto. Y, sin embargo, qué bueno es que nos podamos ayudar a crecer, y para ello la corrección, hecha desde el respeto, la delicadeza y el deseo de ayudar, es necesaria. Y es que, qué fácil nos es ver los fallos de los otros, cómo pedimos de mil maneras, a veces desde la crítica, que los otros reconozcan sus fallos, pero que delicado es cuando eso toca nuestra realidad personal, cuando nos afecta de lleno. Tu llamada, Señor, quiere tocar mi fondo, donde se cuecen mis verdades y mis mentiras, mis valores y mis miserias, mis coherencias y mis contradicciones, mis miedos y mis comodidades, lo que me libera y lo que me ata, y mirarte a ti es ayudarme a levantar la mirada, el deseo y no pararme en el camino. Ayúdame a sentirlo así ahora que me voy introduciendo en esta llamada cuaresmal. Gracias, Señor.

 

 

75.               “Seguir aprendiendo”

 

Somos tan ingenuos, Señor, que pensamos muchas veces que con nuestras elucubraciones o evasiones, te vamos a engañar, cuando somos nosotros mismos los que nos engañamos, y lo peor es que nos lo creemos. Tenemos miedo de asumir las consecuencias de lo que decimos, y buscamos razones, que siempre las hay, para supuestamente, justificar nuestras respuestas y actitudes. No, no somos transparentes, ni sinceros. Y tú te empeñas incansablemente en que aprendamos, tus palabras y tu vida nos lo ponen al descubierto. Lo que sucede es que tú tienes muy claro por qué y para qué, y dónde te apoyas, sin miedos, con libertad frente a todo y frente a todos, y ahí nos cuesta entrar. Este tiempo es una nueva llamada. Quisiera seguir aprendiendo, Señor.

 

 

76.              “Mi humanidad en ti”

 

Cuántas trampas y cuántos frenos nos ponemos a nosotros mismos y a nuestras posibilidades cuando nos empeñamos en justificarlo o en aclararlo aparentemente con signos que no aclaran nada. Cuántas puertas nos cerramos cuando queremos tocarlo todo con nuestras manos olvidando que lo que no podemos tocar es más y más importante que aquello que se nos manifiesta, porque toca la realidad profunda de lo que somos, y que sobrepasa toda nuestra realidad más física y material. Señor, mantenme abierto. Mantenme en esa capacidad de descubrirte para descubrirme en esa posibilidad de ir siempre más allá de lo que veo o palpo en mí, por mucha fuerza que pueda aparentemente sentir. Ayúdame a ser capaz de fiarme de tu palabra en toda la fuerza de su radicalidad y a descubrir mi humanidad en ti. Gracias, Señor.

 

 

77.               “Tu puerta está abierta”

 

Señor, siempre me ha gustado y, puedo decir que me ha salvado, el saber que siempre tu puerta está abierta. Porque lo nuestro parece que es cerrarlas. Acercarme a ti es siempre encontrarme con un horizonte que me abre una luz, nunca me la cierra. Me podrá parece posible o no, podré alcanzarlo o no, pero siempre en ti y contigo, la oscuridad se barre y uno puede percibir que más allá de lo que se es capaz, más allá de lo que me ata o limita, y que repito como una especie de estribillo inacabable de la música de mi vida, sea por lo que sea, contigo puede culminar en melodía, aún con sus silencios, que forma parte de toda sinfonía. Por todo ello, gracias, Señor. Gracias por salir a mi paso. Gracias por abrirme siempre tu puerta que es mi puerta, porque en mí sé que hay puertas y ventanas. Tal vez necesito, simplemente, el valor de abrirlas y limpiarlas para dejar, sin más, que entre tu luz. Ayúdame a percibirlo y a darle forma. Gracias, Señor.

 

 

           

78.              “Enséñame sensibilidad”

 

Gracias, Señor, porque así es la mayor parte de las veces. Porque nuestra fe es así de limitada, y cuando más grande la creemos, más aún. Porque tenemos el riesgo de distanciarnos de los otros y creernos por encima, como habiendo superado etapas y, sin darnos cuenta, no percibir que nos estamos distanciando de los otros y, por lo tanto, de ti. Dame sensibilidad, Señor, la tuya, la sencilla, la cercana, la que nos vincula en nuestra grandeza y en nuestra pequeñez, la que nos hace descubrir que siempre estamos en camino, cada uno a nuestro paso, y que no podemos desfigurar ni desvalorizar el del otro que, aparentemente más lejos, puede estar más cerca en su deseo y esfuerzo que parece no poder alcanzar. Enséñame sensibilidad, y a aprender a tocar el dolor humano y su esperanza secreta  escondida hasta para él, porque eso nos ayuda a vivir y a morir con paz. Gracias, Señor.

 

 

79.               “Hay que descubrir”

 

Es cierto, Señor, ceo que hay que tener mucho valor para tener valor. A veces nos es fácil utilizar palabras bonitas, pero lo cierto es que a la hora de la verdad se nos escapan muchas afirmaciones, porque la realidad es compleja, y la sentimos muy condicionada desde dentro y desde fuera. Vivimos supeditados, excesivamente supeditados al qué dirán, al que nos señalen con el dedo, a sentirnos desmarcados, a lo que está de moda, a lo que nos dicen que es lo moderno, lo progre, lo que se lleva y que, además, cada uno, es dueño de sí. Y es y no es verdad. No estamos solos, dependemos de otros y otros de nosotros. Somos portadores de toda una realidad profunda que nos viene dada, que no hay que inventar que sólo hay que descubrir, proyectar, trabajar, ilusionar, conquistar, todo un reto, que exige, sí, exige valor para dejarle ser lo que quiere o está llamada a ser. Y en ti, Señor, lo descubrimos porque lo has puesto de manifiesto, eso sí con todos sus efectos buenos y  también de rechazo, pero ahí es donde entra en juego el valor. Y deseo hacerlo mío. Ayúdame, Señor. Gracias.

 

 

80.               “Construir mi propia historia”

 

Es cierto, Señor, yo también en ocasiones he echado balones fuera, o he tenido esa tentación casi natural cuando estamos inmerso en un mundo de relaciones, de decir lo bien que tu palabra le viene al otro mientras yo me quedo, o da la sensación de que me quedo o me quiero quedar, al margen. Pero tu palabra es directa y no se puede eludir.  Y con toda su realidad y fuerza de interpelación sé que es palabra de vida que me quiere ayudar a crecer, a convertir los entuertos que se entrecruzan en mi interior. Nos cuesta aprender a descubrir que aquello que nos interpela no es un peso o una carga que se nos impone sino una oportunidad que se nos ofrece para crecer en nuestra propia identidad. Por eso, sigue saliendo a mi paso, toca mis torpezas y mis deseos, mis paradas y mis deseos de correr. Ayúdame a construir mi propia historia. Gracias, Señor.

 

 

81.              “Hacerme sensible”

 

Buscamos la felicidad, Señor, pero la buscamos mal, por eso no terminamos de encontrarla y caminamos de frustración en frustración. Miramos demasiado las cosas desde fuera, desde la superficialidad, y tenemos el riesgo de perder el corazón o de endurecerlo. Y eso se trabaja dentro. Cuando ponemos corazón nos hacemos sensibles, las cosas pasan de ser indiferentes a interpelarnos; de la pena pasiva se pasa a la sensibilidad y a la solidaridad y, así, podemos ir descubriendo que dentro de nosotros se genera un sentimiento profundo de gozo cuando de alguna manera, aunque sea pequeña, nos damos, salimos de nosotros y nos encontramos con el dolor del otro sin indiferencia, y nos llega a doler de verdad, porque terminamos sintiendo que es nuestro, que es mío, porque los otros son parte de mí. Por eso, Señor, sigue ayudándome a hacerme sensible, a hacerme humano, a encontrar el secreto de la verdadera felicidad, en darme desde ti. Gracias, Señor.

 

 

82.               “Transformar la ralidad”

 

Cuántos chistes malos hemos hecho a raíz de estas afirmaciones. Qué poquito hemos entendido de ti, y qué poquito te hemos mirado por encima, o detrás de tus palabras. Y así hemos podido llegar a ridiculizar algo que es esencial, aunque nos cueste asumirlo, para poner en marcha actitudes y valores nuevos. Pero sigue pareciendo tarea imposible el romper círculos de violencia que cada vez parece que se apoderan más de nosotros a todos los niveles en los que nos movemos. Es fácil quedarnos en lo anecdótico  de un ejemplo para no querer ver la realidad, para no querer pararnos a responder a una realidad que nos domina. Tratamos de arreglar muchas cosas con leyes y más leyes, pero nada externo es eficaz cuando desde dentro de nosotros no se forjan unos principios esenciales, tal vez porque tenemos miedo de que sea como una especie de claudicación o de debilidad, cuando en realidad es la manifestación de la mayor fuerza interior que podemos ejercer para transformar la realidad y nuestro propio corazón. Señor, ayúdame a entenderlo y a saber darle forma en mis realidades concretas. Gracias, Señor.

 

 

  

83.              “Mirarme  a mí”

 

Es cierto, Señor, estamos ante una de las actitudes de las que más nos cuesta salir o superar. Tenemos muy arraigada esa capacidad, no ya de poder valorar las cosas o las actitudes, de ver lo positivo o negativo que se pueden derivar de ellas, que es algo normal, sino lo que es peor, la tendencia a condenar, y con ello a rechazar, a marginar, asumiendo una función que no nos pertenece, y a generar actitudes que nos alejan de los otros hasta poner en ellos una marca que, de una manera más o menos explícita, nos distancia, rompe lazos. Tú tendencia ha sido siempre la de unir, la de perdonar,  la de acercar, nunca la de justificar, pero sí la de comprender, y de ayudarnos a unos y a otros, a mirarnos a nuestro corazón para irlo sanando. Pero qué fácil es romper y qué complicado sanar. Ayúdame, Señor, porque en ese riesgo me muevo. La desconfianza  mutua se nos ha hecho como algo habitual. El ver intenciones negativas en lo que hacen los otros más que las positivas nos brota. Que sea capaz de mirarme a mí para entender mejor al otro. Gracias, Señor.

 

 

84.               “Contigo puedo”

 

Señor, sí, tengo que reconocer que he palpado esta realidad en mí. He experimentado cómo ha chocado mi deseo, mi buena voluntad, por decirlo de alguna manera, por no llamarlo ingenuidad, con la realidad, a pesar de que tú ya lo habías puesto de manifiesto. Pero lo cierto es que nunca sabemos lo que se genera dentro de uno cuando los retos se presentan o las dificultades arrecian, o cuando un sentimiento choca con lo que uno quisiera eludir de complicación. Salir de uno mismo suena bonito, querer entender la vida como actitud de apertura y de donación en nuestros gestos de cada día queda bien, pero podemos tener el riesgo de olvidar que eso significa dejar a una lado muchos yos que tenemos muy pegados y arraigados. Pero sí, Señor, mi deseo es seguirte por tus caminos, porque en ellos descubro que hay fuerza de vida, que hay mirada limpia y deseo de tener un corazón transparente porque es lo que necesitamos. No es fácil, lo sé, lo palpo cada día, pero contigo puedo. Ayúdame, Señor. Gracias.

 

 

85.               “Quiero vivir”

 

Te doy gracias, Señor, por esa apertura a la vida que me ofreces y que quiero seguir haciendo mía. Gracias porque no es lo mismo vislumbrar horizonte que encontrarse con un muro que no sólo frena mi futuro sino que relativiza, empequeñece y limita mi presente. Gracias porque me previenes  del riesgo de que todo ello me paralice, de que prefiera “dormirme” y vivir ajeno a la realidad que, no puedo negar, siento que bulle en mí pero que, muchas veces, intento justificar para no verme obligado a dar pasos, a rectificar opciones, a potenciar valores; en el fondo, a descubrir la verdad de mi propio yo. Ayúdame en esta tarea. No dejes de ofrecerme tu mano. Y, si me resisto, tómala y levántame tú porque quiero vivir. Gracias, Señor.

 

 

86.               “Palabras de fuerza”

 

En realidad, Señor, no somos dignos de ti. Nuestra distancia contigo es infinita,  pero tú te has empeñado en romperla para ponerte a nuestro lado, para introducirnos en ti, para caminar al ritmo de nuestros pasos y enseñarnos a caminar al tuyo, que no es otro que el paso del amor. Lo demás, los modos, las formas, son consecuencias que tenemos que aprender a leer y a vivir en el trayecto. Lo que es cierto es que en ello nos pides ponerlo todo. Lo demás sería jugar contigo, con nosotros mismos, con la vida, y cuando tratamos de hacer eso todo se disloca. Por eso ayúdame a saber poner el orden de prioridades en mi vida.  Si eso no lo tengo claro todo se confunde. Ayúdame y dame fuerza para seguirte poniendo amor, con todas las consecuencias de cruz y de luz. Ayúdame a sentir que la seriedad de tus palabras son en realidad palabras de fuerza que me quieren adentrar en el terreno del bien, de la vida, de la paz, de la alegría de saber dónde estamos y hacia dónde vamos. Gracias. Señor.

 

 

87.               “La vida va en serio”

 

Gracias por tu gesto, Señor, porque muchas veces, cuando vemos que las cosas que nos afectan se complican, en lugar de mirar hacia arriba miramos hacia otro lado, o nos hacemos los despistados, o metemos la cabeza bajo el ala. Nos das una hermosa lección, aunque como siempre tratando de implicarnos, de ir hasta el fondo de las cosas y de nuestras actitudes, y eso hay veces que lo sentimos como peso. Da la sensación de que seguirte es una especie de carga cuando en realidad es una llamada de vida y de salvación que nos implica, y que estamos llamados a llevar adelante entre todos. No has venido a darnos el pescado sino a enseñarnos a pescar y, encima, tú a nuestro lado, empujando, iluminando, estimulando, alimentando. Gracias, Señor, porque me descubres así de grande, porque me haces sentir que la vida va en serio y que no soy ajeno a su construcción, que es la mía propia. Ayúdame a entenderlo, a acogerlo, a mirar al cielo. Gracias, Señor.

 

 

 

88.              “Expresión de ti”

 

Señor, una vez más, al mirarte, me confirmo en la necesidad de aferrarme a ti. Sabes que no pretendo caer en ese negativismo que sólo se empeña en ver lo malo. No. Sé que hay mucho bueno y, una parte, se apoya también o se asienta en mi interior, en mi deseo, aunque a veces no sea el modelo que lo ponga de manifiesto. Pero estoy en ello, tú lo sabes, y cuando se me escapan esos gestos o afirmaciones que no encajan en ti, y que no quiero que encajen en mí, sé que me queda camino por recorrer, o que eso mismo confirma ese camino en tensión, que tengo que tratar de aprender, porque tenemos que intentar, especialmente los que nos decimos tuyos, ser expresión de ti. Por eso, Señor, sigue apoyando mi deseo, ayudando a que mi corazón se vaya modelando y aprendiendo de esa misericordia que experimento en mí, que alienta el camino de mi vida y despierta lo mejor que hay en mí interior hasta proyectarse en mis palabras y en mis gestos. Ayúdame para que, a pesar de todas mis posibles experiencias negativas, nunca me pare ni me conforme. Gracias, Señor.

 

 

89.               “Alentando mi vida”

 

Señor, tengo la sensación de que nos da miedo hacernos preguntas sobre nosotros mismos, como si quisiéramos prescindir de nosotros, o como si un fuésemos objetos de ellas, porque otros ya piensan por nosotros y, además, este pensamiento amplio y genérico puede resultar más cómodo para que entremos todos sin ningún tipo de exigencias. Parece que debía ser el primer campo en el que entrar, en el de nosotros mismos, pero sabemos que eso nos va a replantear muchas cosas, sin más, porque esa es nuestra realidad humana, impresa en nosotros, y que porque tratamos de evadir terminamos o podemos hacerlo, con sensación de frustración o de vacío, con lo que supone de implicaciones en otro sentido menos enriquecedor. Por todo ello, sigue ayudando a no tener miedo de ti ni de mí. Sí, miedo, aunque no le queramos llamar así, pero que tú sabes que es verdad, y nos lo dijiste muchas veces. Ayúdame a ser capaz de seguir alentando mi vida y de ser capaz de mirarla de frente y de intentar seguir proyectándola. Gracias, Señor.

 

 

90.               “Todo es posible”

 

Nunca he comprendido esa tendencia a cerrarnos, Señor, y sólo la entiendo desde el miedo y la comodidad, aunque podamos alegar otras muchas razones, sobre todo para justificarnos. Se nos llena la boca con la palabra libertad, que es el don que nos debía caracterizar como humanos, pero seguimos cerrados en un sinfín de esclavitudes que nos condicionan a nosotros y violentan injustamente a muchos, y que parece ir a más en cientos de escalas de nuestras realidades sociales. Por eso tu empeño de abrir puertas y ventanas, dejar entrar luz por el horizonte, es como un respiradero que nos abre un resquicio a través del cual vislumbrar que hay más, que nada está circunscrito y cerrado, y que eso es lo que sigue haciendo que merezca la pena mantenernos en pie y luchar contra nosotros mismos en ese empeño de oscuridad. No sé si lo conseguiremos o hasta qué punto, pero mientras tú estés en ello todo es posible. Gracias, Señor.

 

 

91.               “Beneficiario de tu llamada”

 

 

Señor, aunque queremos ampliar, y es bueno hacerlo, tú nos estás hablando de pobrezas concretas. De esas pobrezas que genera la injusticia humana, y que ya vemos con resignación cuando no con indiferencia. Y es que en el fondo hasta nos molesta la pobreza y desconfiamos de los pobres. Podemos hablar no bien de los ricos o poderosos, pero nos sentimos más cómodos entre ellos que entre los pobres. Estamos generando un mundo con grandes diferencias, y encima rechazamos a quienes más las sufren. Y tú te presentas como molesta buena noticia de parte de Dios. Buena noticia de esperanza que debía ser para ellos, como lo proclamas en las bienaventuranzas, y que nos debía implicar y sensibilizar de lleno. Pero poco podemos ayudar a liberar si no nos sentimos liberados nosotros mismos. Poca buena noticia podemos llevar si no la hemos dejado sentir en nuestra propia carne. Porque no podemos ofrecer lo que no tenemos. Por eso, Señor, gracias porque me sigo sintiendo beneficiario de tu llamada. Gracias porque me permites descubrir mis auténticas pobrezas que tú has venido a sanar. Gracias porque me invitas a ser portador de tu buena noticia, la noticia de la predilección de Dios. Gracias, Señor.

 

 

 

92.               “Ser más fiel”

 

 

Cierto, Señor, que ese interrogante que se lanzan esos personajes que te rechazan, me interpela, porque en mi superficialidad, no termino de ser consciente de que yo, no los otros, sino yo, no doy una respuesta coherente con mi vida, y muchas de mis actitudes para contigo son de superficialidad o de no tomar lo suficientemente en serio la responsabilidad de lo que afirmo ser o querer ser. Y así, junto a mi aparente adhesión de querer seguirte, no hay un empeño firme, ilusionadamente esforzado, para asumir mi seguimiento con toda la fuerza de tu mensaje. Señor, perdona mi falta de sensibilidad y de coherencia, y ayúdame para que preguntas como éstas, vengan de quienes vengan, me ayuden cada día a ser más fiel a tu persona, al amor que has volcado en mí, a tu llamada apremiante, a lo que de verdad digo que quiero ser con respecto a ti y contigo. Ayúdame, Señor. Gracias.

 

 

      

93.               “Servir de guía”

 

 

Muchas veces, Señor, no sé si soy más bombilla apagada que encendida, de manera que no sé hasta qué punto mi vida te hace visible. Sé cierto que muchas veces te oscurece, o yo te oscurezco ante mí mismo, y mis actitudes te irradian más bien poco. Pero te doy gracias porque tú no dejas de ser luz para mí, porque iluminas mi realidad y hasta mi oscuridad. Y en esa tu luz vislumbro la fuerza de mi esperanza que sólo se puede apoyar en ti. Pero, aunque sea tenuemente, aunque mi luz no tenga la potencia que tú y yo deseamos, ese ligero resplandor me sostiene, me permite ver el camino y mantiene viva mi llama. Ayúdame para que no se apague nunca mi pábilo vacilante. Ayúdame para que mi tenue luz pueda servir de guía a otros. Ayúdame para que mi corazón prenda cada día con más fuerza en ti. Gracias, Señor.

 

94.               “No perder el ánimo”

 

 

Todavía nos cuesta entender muchas cosas de ti, Señor. Todavía no terminamos de fiarnos del todo y creemos que la única manera de ver la cosas es como nosotros las vemos ¡Es todo tan complicado! Aunque tal vez es mucho más sencillo pero somos nosotros los que terminamos complicándolo todo, los que seguimos levantando barreras y marcando distancias. Pusiste en juego tu vida humana y divina para descubrirnos nuestra dignidad de hijos, y la belleza del amor que se convierte en apertura de corazón y en don. Pero preferimos ahogar tus realidad que seguimos mirando como anhelo, como sueño de una realidad necesaria, que haga que el corazón humano dé un vuelco, porque es posible, aunque  a veces dé la sensación que nos alejamos más de esa posibilidad. Señor, ayúdame a no perder esa esperanza, ayúdame a no perder el ánimo de hacer posible que la sensatez termine dominando nuestros actos. Ayúdame a fiarme y a aprender de ti. Gracias, Señor.

 

 

 

95.               “Un corazón sensible”

 

 

Es cierto, Señor. No lo voy a pintar todo de negativo, porque tampoco sería verdad. Pero sí es cierto que me he encontrado en situaciones en las que no he sido capaz de entrar y he dado un rodeo, interior o exterior, y he pasado de largo, me he hecho indiferente, como el que no se ha enterado de nada. Y reconozco, Señor, que nos son actitudes que brotan de mi fe sino de mi inseguridad y de mis miedos. Puede ser también que de mi indiferencia. Y eso no lo he aprendido de ti, esto me lo ha contagiado el ambiente. Es cierto que muchas veces no sabes reaccionar a tiempo ni cómo responder ante determinadas realidades. Pero tú, con tu vida, me has enseñando a trabajar la sensibilidad, la cercanía, el ser mano tendida. Ayúdame, Señor, a no evadirme cuando sé que puedo aportar algo. Ayúdame a no tener miedo de hacer el bien y a temer hacer el mal. Ayúdame trabajar un corazón sensible no sensiblero, un corazón que asuma riesgos por amor. Gracias, Señor.

 

 

96.               “Salir de mí”

 

 

Señor, qué estrecho es nuestro corazón y que limitada nuestra mente a la hora de comprender las consecuencias de nuestras opciones. Y, al mismo tiempo, cuantos intereses se nos acumulan a la hora de bloquearnos en nosotros mismos. Al final no es nuestra mente la que está herida, aunque la hayamos bloqueado, es nuestro corazón el que se nos endurece haciéndonos insensibles, de mil maneras, ante los otros. No puede sorprendernos que busquemos prescindir de ti, cuando prescindimos de los otros, y no somos capaces de ver su dolor o su necesidad. Señor, y esa realidad es como un virus que se extiende y nos contagia, casi imperceptiblemente; de tal manera, que cuando nos queremos dar cuenta ya hemos caído en él. Señor, hazme sensible y consciente. Enséñame a valorar a los otros y a mí mismo. Ayúdame a romper mi duro cascarón y mi indiferencia para salir de mí con lo que soy y tengo. Es todo un reto en la realidad en las que nos movemos, pero eso mismo lo hace necesario. Gracias, Señor.

 

 

97.               “No pararme”

 

 

Es cierto, Señor, no lo podemos negar si somos sinceros, nos puede el ambiente y el qué dirán, y nos pueden, o nos sobrepasan, las realidades de cambios en este momento de la historia que nos ha tocada vivir. Y ese desconcierto ante tanta complejidad nos paraliza en la resignación, porque no somos capaces de ver salida, respuestas,  posibilidades. Señor en todo ello me reconozco y, por eso, tu paso por mi vida se convierte en luz y estímulo, ante todo para no pararme, para saber que siempre hay un camino abierto tras de ti, y que ese seguimiento es el único que nos puede hacer capaces de no quedarnos en el desconcierto de lo que nos rodea, sino que le aportemos la fuerza de tu luz, de tu vida, de tus actitudes de tu amor, porque al fin y al cabo lo que este mundo confuso necesita es amor, y no ese egoísmo cerrado que tanto mal genera cada día. Por eso, Señor, que en ti vea la luz de mi camino que me permita sentir que es mucho lo que contigo y desde ti puedo aportar a toda la realidad en la que vivo, a pesar de lo que digan o de los impedimentos con los que me pueda encontrar. Gracias, Señor.

 

 

98.               “Nuevos pasos”

 

Señor, hay momentos en la vida en que las palabras no bastan. De hecho en este texto hablan quienes no debían hacerlo, y así brotan palabras interesadas y vacías. Sólo las tuyas ponen en su sitio el gesto silencioso, misterioso y profundo de esa mujer. En esta semana intensa en la que nos adentramos ayúdanos a sentir de nuevo la fuerza de tu entrega, tu empeño dramático por seguir mostrándonos el único camino que puede salvar a nuestra humanidad esperanzada y doliente. Señor, el aroma que respiramos no es bueno, y el que exhalamos los que nos decimos tuyos, no es muchas veces lo suficientemente fuerte e ilusionado para contrarrestar. Este tiempo cuaresmal nos ha querido ayudar a dar nuevos pasos, a no quedarnos estancados y sin capacidad de reaccionar ante lo que vivimos, lo que somos, y a lo que nos sigues llamando. Señor, que descubramos que tú no eres un plus en nuestra vida, que no eres un añadido que da igual que acojamos o no, que no eres un adorno o un perfume del que se puede prescindir y no pasa nada. Que siga sintiendo que en ti y contigo se juega el buen aroma de mi vida, de nuestra historia. Gracias, Señor.

 

 

99.               “Sigue enseñándome”

 

Padre, a mí también me gusta llamarte padre, porque en ti esa palabra adquiere una fuerza y una profundidad y una amplitud especial, porque ello me vincula, me crea lazos, me hace asomarme al corazón del otro, porque me permite no hacerme indiferente, no desde una vinculación meramente social, sino mucha más rica, más total, más honda. Y me gusta porque al llamarte así, te experimento a mi lado, estimulando mi camino, ayudándome a crecer, a pasar por encima o romper todo aquello que diluye mi dignidad y me cierra perspectivas. Llamarte Padre, experimentarte padre, agranda mi visión del hombre, del mundo, de la historia, de mí mismo, y me inserta en un proyecto de amor, que sé que me desborda, aunque me suene bien, pero que me hace sentir que es la única manera de construir humanidad de verdad, aunque tantas veces la sienta frustrada y que se me escapa o que no sé cómo encauzarla. Por eso, sigue enseñándome y a no desertar de llamarte así. Gracias, Padre.

 

 

100.           “Encontrarme conmigo”

 

 

Gracias, Señor, gracias porque sales a mi encuentro. Me siento tan perdido en tantas ocasiones, tan desorientado, tan debilitado, que si no eres tú quien viene a mi encuentro no soy capaz no sólo de buscarte, ni siquiera de encontrarme conmigo mismo. Tú sabes, Señor, lo fácil que es perderse hoy, cómo incluso todo está montado para que pierda las referencias de lo mayor dignidad que has depositado en mí, para que pueda ser convertido en objeto de consumo, de mil maneras. Por eso, gracias, gracias, Señor, porque haces de padre, porque haces de amante, porque haces de Dos.